Hace dos días compartí con una amiga una estupenda tarde de cine durante la que, más allá del previo café con confidencias, disfrutamos de “Kamikaze”, la producción española que compite en taquilla con la afamada “Ocho apellidos vascos” (ésta a muchísima distancia en lo que a la recaudación se refiere). Protagonizada por un fantástico Alex García (pronto en la cartelera teatral sevillana con “Los hijos de Kennedy”), el argumento de dicho rodaje, aún con varias rarezas en el guión que fastidian un poco el que podía haber sido un resultado final redondo, muestra cómo estamos rodeados de personas con historias desgraciadas mientras que, en nuestro día a día, la superficialidad que se ha instalado a nuestro lado, nos impide ni siquiera empatizar con el sufrimiento de dichos seres humanos.
Confieso, no sin cierto pudor, que soy un sibarita. Me encanta cuidarme, defiendo la vida y la alimentación sana y los tratamientos de belleza y relax y, por poder disponer de estas comodidades, me siento un privilegiado pero, al mismo tiempo, en mi conciencia cada vez ocupa más espacio el dolor de los que viven (y mueren) en guerras, aquellos que, cerca nuestra, no tienen las mismas opciones que nosotros, esas mujeres (y hombres) presas de frustrantes relaciones sentimentales que no desean, quienes son víctimas de una salud quebrada… Tantas y tantas situaciones límite frente a las que ninguno estamos libres y que, sin embargo, parecen desaparecer ante cuestiones tan “importantes” como que nuestro pelo vaya perfectamente engominado o tener un móvil de última generación.
En “Kamikaze” se pone todo esto sobre la mesa gracias también a las emocionantes interpretaciones de profesionales como Carmen Machi (para mí, la mejor actriz de España en la actualidad junto a Blanca Portillo) o Héctor Alterio (al que vimos en el Lope de Vega hace poco con Lola Herrera en “El estanque dorado”), dos grandes que tienen la compleja facultad de hacer pasar al espectador, en cuestión de segundos, de la risa más contagiosa a las lágrimas de emoción que sus dotes como actores les permiten provocar. Además, en el reparto no faltan nombres como el de Verónica Echegui, pareja del mencionado Alex García desde que en 2010 coincidieron en “Seis puntos sobre Enma”, quienes van dando forma a una trama con una magnífica calidad fotográfica –y unos muy buenos efectos especiales-, no falta de moraleja.
Porque, según llega a afirmar el personaje de Alterio, “por mucho que suframos, siempre hay quien está peor que nosotros y ante eso tenemos dos opciones: o pudrirnos por dentro, o bailar al ritmo de la vida”. Uno, como seres libres que somos, es quien tiene la última palabra pero, sabiendo lo que sabemos, es triste que haya que pasarlo mal para valorar lo que de veras importa. Incomprensible, pero cierto.
