Siempre he sido más de hechos que de palabras puesto que las palabras pueden mentir, manipularse, no mostrar todo lo que se quería o, al contrario, decir lo que ni se sentía. Por eso me gusta Joana Jiménez, una artista honesta con su arte y con su público y, sobre todo, una mujer con las ideas muy claras y que camina con los pies muy sobre la tierra.
Con ella he compartido muchos momentos y he podido comprobar que, dentro o fuera del escenario, es la misma. Apasionada, temperamental, generosa, Joana no tiene dobleces y eso, en tiempos en los que casi todo es artificial, tiene mucho, pero que muchísimo mérito.
Ahora cuando las cantantes tiran de todo tipo de efectos para que su voz parezca la que no es, cuando todo el mundo se pone en manos de estilistas para que les bauticen con el estilo del que carecen, cuando la gente habla por whatsapp pero luego la llamas y no te cogen el teléfono de pronto llega esta sevillana para reivindicar todo lo contrario. Y así, desnuda su garganta de artificios y nos regala “Como el primer día”, un precioso álbum de versiones, pasadas por su personal filtro, del que solo puedo decir cosas bonitas.
Sin pretensiones, sin querer ser lo que no es, Joana ofrece su verdad a un público por el que lo da todo cada vez que se sube a un escenario. Es lo que tiene jugar con las cartas sobre la mesa. Todos saben lo que hay. Una victoria que nadie puede arrebatarte.
