Hace poco conocido a alguien muy simpático con quien he compartido algunos ratitos y que me ha parecido encantador. Reconozco que la buena educación y la gente detallista son mi debilidad y que, el hecho de que pertenezca al círculo de mi profesión, también me agrada (soy de los que piensan, como una vez me contaba Asunción Balaguer en relación a su esposo, Paco Rabal, que el trabajo, une). Luego será o no será porque, a Chenoa por ejemplo, se le ha terminado fastidiando su noviazgo con su guitarrista de toda la vida pero ella lo ha intentado y lo cierto es que, mientras más vínculos existan, mejor para que una relación, sea de la naturaleza que sea, funcione.
Sin embargo, esos no debieran ser requisitos suficientes para apostar por nadie. Se ve que me han desengañado lo suficiente, por un lado, y que me encuentro tan estupendo, por otro, que espero ver más para, yo al menos, aceptar a alguien como parte de mi círculo. He leído bastante y he escuchado infinidad de músicas, he ido muchísimo al cine y al teatro, me cuido y hago ejercicio y disfruto de una cierta serenidad mental como para regalar todo esto a la primera de cambio.
Además, a mí me gusta ir, como decían en un capítulo de “Mujeres desesperadas”, con las “cartas sobre la mesa”, señal de adultez que no todo el mundo está preparado para entender. Si no se acepta esta regla básica, no entro en el juego.