No me gusta utilizar palabras extranjeras para definir conceptos que tienen términos en castellano. Supongo que para mucha gente resulta “snob” pero, la verdad, como mis aspiraciones no son tan exquisitas, me van a permitir que hoy comience a hablarles, más que de “hobbies”, de aficiones. Esos entretenimientos, más o menos singulares, a los que dedicamos nuestro tiempo pueden reportarnos grandes satisfacciones… o también pequeños disgustos. Hay quien se dedica a coleccionar objetos como sellos o imanes para el frigorífico (algo, tal vez, un poco pasado de moda), están quienes optan por hacerse un catálogo de novios/as (para mí, muy actual pero aburridísimo), los que atesoran desde películas a libros (esto imperecedero) o, como mi Laura Gallego, también existen los que tienen la extraña costumbre de romper o perder móviles… Y así, la que fuera ganadora de la segunda edición de “Se llama copla”, cada dos por tres nos da la noticia de que se ha quedado sin terminal (con el consiguiente extravío de los contactos de su agenda), poniéndonos en la tesitura de volver a tener que mandarle el correspondiente mensaje para que, hasta la siguiente ocasión, nos tenga localizados.

El caso es que, a sabiendas de que la cantante había vuelto a pasar por dicha situación de incomunicación, el miércoles retomé el contacto gracias a su nuevo aparato para llevarme la grata sorpresa de que, en cuestión de nada, dentro de su presente laboral han florecido los proyectos como si de campos en primavera se tratase [lo siento pero no he podido evitar la cursi pero poética comparación]. “Estoy sin parar, pero de eso he prometido no quejarme”, me contaba a través del whatsaap mientras me enviaba fotos de un espectáculo sinfónico titulado “Contigo” que ha montado en colaboración con la Orquesta Sinfónica de Moguer y que acaba de estrenar, con una importantísima asistencia de público, en la Casa Colón de Huelva (repetirá el 9 de agosto en Chipiona). Aparte, “la” Gallego también se ha embarcado en otro montaje titulado “Echándole lunares”, que ayer puso en pie al Alcázar de Jerez de la Frontera y donde demuestra que, más allá de la copla, el flamenco es otro territorio donde su garganta se mueve con tanta solvencia que hasta ha logrado ser destacada con la Cátedra de Flamencología de Utrera (¡ahí queda eso!). Por ello, con tres músicos y sus coros se ha embarcado en esta aventura la cual, cara a una mujer tan valiente, seguro que será otro triunfo para su aún corta pero muy intensa trayectoria.
No olvidemos que nos encontramos ante una chica de 22 años que, con mucha listeza e intuición, ha sobrevivido al impacto televisivo que supuso el popular concurso de Canal Sur que ha vuelto a poner en auge la canción española. Y como no hay dos sin tres, Laura se ha liado la manta a la cabeza y se ha tirado a los ruedos de las plazas de toros para lidiar con “Capote y mantilla”, puesta en escena inspirada en nuestra fiesta nacional y donde, acompañada por una formación de diez integrantes, repasa algunos de los temas más famosos que, en relación al mundo taurino, se han creado para que luego, artistas como la que nos ocupa, les den vida. ¿Les parece mucho? Pues además, sepan que tiene tiempo hasta para enamorarse… ¡Ella puede!