Durante mucho tiempo estuve enfadado con mi madre. A todos nos pasa. En cierta manera la convertí en enemiga porque escuchaba suyo lo que no me gustaba escuchar. Y eso que, aunque reconociera en su momento que hasta llevaba razón, era capaz de llevar mi negativa al extremo que fuera con tal de no ceder en mi postura y que, estúpidamente por mi parte, ella quedara por encima de mí. Así que, ahora que veo tantas actitudes adolescentes a mi alrededor, la comprendo y la respeto más que nunca con lo que, hoy primer domingo de mayo, Día de la Madre, he decidido regalarle estas líneas como pequeño homenaje a un papel que, cosas del destino, ha compartido con otras mujeres importantes en mi camino.
Como Consuelo Alcalá, ex de Jaime Ostos a la que un buen día conocí y que, desde siempre, me ha acogido en su seno familiar como uno más de esa finca, “La Tenienta”, por la que sigue luchando infatigable desde Utrera. A su lado he reflexionado tanto y de tantas cosas (y he tenido la oportunidad de conocer a seres humanos tan apasionantes como su íntimo, Eduardo Altolaguirre), que no puedo sentirme más afortunado. No lo ha tenido fácil Consuelo para ejercer su matriarcado pero, aun así, jamás ha dejado de, con cariño, atender a sus hijos.
Sin duda es desagradecido el papel de una madre y es la prueba más grande de amor que pueda ofrecerse. No esperen a que sea demasiado tarde para reconocérselo porque, quien quiere para nosotros lo mejor, no merece ser tratado como lo peor.