Uno de los mayores problemas a los que, sentimentalmente me refiero, deben enfrentarse los personajes populares es a los prejuicios que sobre ellos suelen tener quienes los ven desde fuera (dificultando esto el que, de primeras, puedan ser recibidos de la misma forma a como se recibe a alguien anónimo). Y esto lo afirmo desde la propia experiencia de haber pasado media vida trabajando en la televisión dándome cuenta de que, luego, cuando intentaba conocer a gente, el personaje podía pesar mucho más que la persona y que ésta quedaba desdibujada ante la imagen que los demás se habían forjado (y contra la que, por mucho que lo intentara, poco podía hacer). Incluso, si me permiten la anécdota, la única vez que crucé la barrera de lo laboral a lo personal con alguien a quien entrevisté pasó por haberle escuchado en múltiples ocasiones posteriores aquello que tanto me fastidiaba de “cuando te vi pensaba que eras de otra manera”.
Por eso comprendo bien –desde la distancia de un ámbito local, por supuesto-, la situación a la que pueden exponerse presentadoras como Anne Igartiburu quien, desde hace una eternidad conduce el programa “Corazón”, en los mediodías de TVE. Seguro que todo el mundo piensa que la vasca –tal y como parodió Paco León- es una chica empalagosamente dulce que sonríe sin parar y que contempla la realidad tan de “color rosa” como la información que en su espacio ofrece. Sin embargo, Anne tendrá días malos, regulares, se enfadará, sacará carácter y, no lo sé, lo mismo le interesaría mucho más la política que contar los líos judiciales de “la” Pantoja o si Carmen Cervera se lleva mejor o peor con su hijo y su nuera, Blanca.
Claro que para eso habría que analizarla de verdad, sin caretas, en el día a día, cuando se levanta y cuando se acuesta. Hay un dicho que viene a preguntar… “¿Conoces a “fulanito”?”. “Sí”… “¿Has vivido con él?”. “No”. “Pues entonces no lo conoces”… Pues en ésas, conociéndose, parece ser que está la mencionada Anne con Pablo Heras Casado, director titular de la Orquesta de St. Luke´s, en Nueva York, con el que ha sido fotografiada en varias ocasiones (la última, el pasado 1 de este mes). Seguro que para el músico, nueve años menor que su “novia” (ella tiene 45 y él 36), al compartir una profesión también pública le ha resultado un poco más sencillo comprender que necesitamos que rascar sobre la superficie para encontrar la verdad que nos convenza… o no de alguien. Al fin y al cabo, acudiendo a uno de los libros más bellos y sabios de la historia, “El principito”, “lo esencial es invisible a los ojos”…
¿Cómo se conocieron? ¿Qué tipo de relación llevan? ¿Tendrán o no futuro? Son dudas que, poco a poco, irán resolviéndose. De momento disfrutan de la felicidad que reflejan sus rostros, que no es poco… Al fin y al cabo, fuera de los platós, alejados de la audiencia son iguales que nosotros, ¿no?