Instagram es una red social que está muy bien pero que, como todo, tiene su peligro. Así, uno puede subir una fotografía sin ninguna intención concreta y el que la recibe como espectador interpretar según qué cosas porque, por lo que sea, perciba en esa imagen cuestiones que le lleven a pensar así. Yo, que en ocasiones creído de otros lo que luego me he dado cuenta que no era, últimamente me encuentro en el lugar de quienes son condenados sin tener oportunidad siquiera de defenderse. Y por eso puedo entender a la perfección a Rosa López cuando esta semana colgó un mensaje en su Instagram quejándose de todos los que tienen la solución para su vida permitiéndose tanto el lujo de sacar según qué conclusiones sobre ti, sin saber, como, sobre todo, de juzgar tu camino sin ponerse en tus zapatos.
A mí me han puesto de niñato, de provocador, de superficial, de presuntuoso… Hasta han pretendido sacar punta y hacer burla de imágenes que ya partían de mí con intención de hacer reír y reírme. ¿Y? Solo han conseguido lo mismo que decía Rosa “de España”: que cada vez me dé más igual todo y, en especial, todos los que van de esta cuerda. Como ella, estoy convencido de que, tarde o temprano, cada trampa se paga con creces con lo que, ya que prisa no tengo, a esperar se ha dicho… Porque lo que ves, no siempre coincide con lo que es…
