Me contaba Bibiana Fernández esta semana el régimen de comida que está siguiendo y lo que le cuesta, cuando todo el mundo en las fiestas está alrededor poniéndose “ciego” de comer, ir con sus sobrecitos y sus barritas de proteínas a cuestas para mantener esa figura de la que siempre ha podido presumir y que ahora, a sus 61 años recién cumplidos, aún mantiene (a pesar de que, por mimetismo con su perrita embarazada, haya subido cuatro kilos).
De hecho, la veía el otro día en el programa de Ana Rosa –con una chaqueta que rescató de cuando presentaba uno de los espacios musicales que antes se hacían en televisión- y pensaba: “¡Qué maravilla de mujer!”. Porque tengo que reconocer que una de mis debilidades son esas personas que luchan durante toda su vida por la coherencia consigo mismas y que, a base de mucho esfuerzo y tesón, logran el sueño de convertirse en aquello con lo que siempre soñaron. Gente auténtica que no tiene inconveniente en enfrentarse a familias o en plantarle cara a la sociedad para decir eso de “aquí estoy yo” dispuestas a pagar el precio que sea necesario.
De todo eso y mucho más sería un placer hablar cara a cara con Bibi –con la que compartí un recordado programa en Giralda TV- algún día que, ojalá, llegue pronto. Tal vez antes de lo que uno y otro imaginemos. Porque, en ocasiones, los deseos se cumplen y, cuando hay velas de cumpleaños de por medio, mucho más.