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MÚSICA,

Luz Casal: “Al mirarme en el espejo encuentro una armonía entre lo que quiero, puedo, deseo y lo que no consigo”

31 mayo, 2018

Con la música de Luz Casal, esta noche a las 21,00 horas en el teatro Cartuja Center, inauguramos el mes de junio en Sevilla. Una artista imprescindible que, en esta ocasión, nos presenta en directo las canciones de su nuevo álbum, “Que corra el aire”

 
por Ricardo Castillejo
 

Luz Casal ha vuelto a la ciudad en cuya hermandad del Cristo de la Pasión encontró precisamente la inspiración para el título de su álbum “La pasión”. Donde vive su gran amigo Miguel Fragoso, dueño del mítico bar “El Garlochí”. En la que, esta gallega de marcado acento, se vuelve más flamenca que en ningún otro sitio del mundo. Un lugar que, poco a poco, año tras año, ha conquistado el corazón de alguien que, a pesar de que en este 2018 cambiará de década (y serán seis ya), sigue teniendo un alma rockera, fuerte y luchadora.

-¿Consideras que eres, metafóricamente, una mujer flamenca?

-Sí, supongo que sí lo soy. Es curioso porque siempre estoy dispuesta a aventurarme en distintos tipos de música pero, cuando alguien insinúa que podría hacer algo de flamenco, siempre digo que no. Le tengo tanto respeto que nunca me he sentido capaz. Lo único que introduje una serie de conciertos, desde el backstage, con una letra de la Niña de los Peines que decía: “Entre sábanas de Holanda y peines de concha fina…”. O algo así (risas). Luego, por físico y actitud sí que podría tener más que ver con el Sur que con el Norte, que es mi origen.

-Con los años suele pasar que las personas se aburguesan… ¿A las rockeras también les pasa eso?

-Un rockero no puede ser burgués. Es inconformista todo el rato. No tengo la rabia que cuando hice “No aguanto más” porque no “estoy cansada de ser una muñeca” ya que no me siento una muñeca, con lo que no tengo necesidad de tumbar la base de esa columna, pero no soy una persona que considere que todo está bien. Todo es mejorable y, en ese sentido, soy absolutamente inconformista.

-En tus temas no sueles hablar de amor desde la pareja pero sí del amor, en general, y de la vida…

-Aprendí muy jovencita, con el fallecimiento de mi abuela materna, lo que significaba la muerte. Y eso que fue tan cercano de alguna manera marcó mi carácter en relación a lo que supone vivir. Por eso, con los episodios del cáncer, reaccioné de una forma más ligera, con menos dramatismo, intentando agarrar las dificultades. Tengo un sentido del tiempo quizás más amplio de lo que tienen otros que conozco. Para mí es esencial sentir que vivo. Como percibo de manera clarísima que hay muchos con la misma actitud mirando una piedra con siglos de historia que un muro nuevo tengo como afán -ya que yo sí percibo esas diferencias-, de transmitirlo, de hacer una labor didáctica de mi conocimiento.

-Pero al final, después de lo que has pasado, ¿eres de las que están en que la vida es maravillosa o entre los que la consideran una mierda a la que debes sacarle todo el partido?

-Me llama la atención la simplificación de algo tan inabarcable como hablar de la vida. Puede ser una mierda un rato. De ti dependerá. La opción de haber nacido en las cloacas y llegar al cielo más inalcanzable existe. Pero también hay esa obsesión de poseer un avión privado. Yo no lo quiero ni lo necesito (aunque viajar en él pueda ser interesante). Ni una casa más grande, ni vender más discos que nadie. Tienes ambición pero también debes mirarte en el espejo y saber hasta dónde puedes llegar, si tu físico es concreto, con un tipo de ropa u otra.

-Ya que refieres el espejo, ¿qué encuentras cuando te miras en él a día de hoy?

-A la mujer que quería ser cuando era pequeña. Grande, que no me achanto, que tengo arrojo, que soy flamenca… Tengo bastante buena relación con el espejo. Esos defectos que lo son hasta el fin están aceptados. Es más, casi asimilo más el defecto físico que los que, como persona, no haya podido mejorar o cambiar.

-¿De dónde viene ese espíritu zen tuyo? ¿De la religión? ¿De tu propio crecimiento?

-He crecido y he sido educada en la religión católica y esa parte de mí pertenece a mi mundo más privado y tengo cuidado de no hablar de ello de forma frívola. A través de la música se viven experiencias muy intensas y muchas ocasiones. Viajas mucho, conoces gente, culturas distintas… Y eso te va alimentando, dando una información que vas usando y que te deja poso y que te permite descubrir que es interesante armonizar las cosas. Ése es el reflejo que encuentro en el espejo: una armonía entre lo que quiero, puedo, deseo y lo que no consigo. Y lo manejo bastante bien. Sospecho que no perderé esa especie de equilibrio que cuesta porque puedes perderlo hasta casi intuir el abismo. Pero es como cuando tienes un dolor en la zona lumbar y sabes cómo estirarte para no tener que ir al doctor.

-En 2018 cambias de década… ¿Supone algo especial para ti?

-No. Para mí lo importante es vivir. A veces me siento como una pequeña criatura mientras que, cuando chica, podía sentirme mayor o tan adulta como lo era mi madre. En este caso, por la fecha que es, es más contundente pero suelo tener que parar para saber cuándo nací. Celebro la vida pero no de forma especial los cumpleaños. Puedes empeorar en el envoltorio pero no en el interior, que es lo que las más me preocupa.

 

Ricardo Castillejo

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