La actriz, que representa en el Lope de Vega ‘Los hijos de Kennedy’ del 30 de abril al 3 de mayo, es, a sus 43 años, una de las intérpretes más destacadas de nuestro país. Casada con Pedro Larrañaga, en su Carta Astral encontramos detalles de una personalidad sencilla aunque llena de apasionantes matices.
Naida Gil – naida.gil@gmail.com – periodista y astróloga
La muy astuta le dijo a Bigas que haría las secuencias de sexo con sujetador, porque interpretaba a una mujer que temía que se le cayeran las tetas. A su abuela la convenció de que en las escenas de beso había un cristal entre su cuerpo y el del actor de turno. Y todos contentos. Aunque la opinión de su abuela nunca le frenó en su apuesta por enseñar carne para entrar en pantalla. ¡Y lo que le costó salir de ahí! Se pasó más de una década siendo la bella ardiente que se retozaba entre obscenos como un Antonio Gamero en ‘La estanquera de Vallecas’, el Bardem de Huevos de oro o los dos amigos Diego Luna y Gael García en ‘Y tu mamá también’ (2001).
La madrileña siempre fue lista y aún más original. En su nacimiento, su Sol en Libra, parasitado de Urano, la impregnó de premura, mentalidad abierta y cordura sin igual. Como buena libriana, todo lo sabe decir con una sonrisa. Aunque con su unión Marte-Mercurio, sus impetuosas manifestaciones más de una vez dejan ver sus caninos. Pero tras las palabras, todo en ella se vuelve finura. Es esa mujer, mujer. De belleza sibilina, de emociones blindadas y seguridad tambaleante. En parte porque necesita, para estar segura de sí misma, que los demás ratifiquen su duda más recurrente: que es tan sensual como parece.
Pero en los medios ya se encargan de disipar su incertidumbre. Sorprendidos por la frescura de su físico, insisten en preguntarle cómo se siente pasados los cuarenta. ¿Acaso ignoran que a una mujer del signo de Libra no hay que hablar de edades, especialmente de la suya? Pero ahí está ella, serena y chispeante. Maribel Verdú, ríase la gente, dice sentirse estupenda y no regaza ni un momento de su vida para dejar de ser feliz. Quién sabe si tanta literatura, la afición más preciada de los mercuriales, la hace relativizar, como ya lo hacía la gran Gabrielle Chanel en su época más señora: “Cuando me preguntan mi edad, contesto: a partir de los 40, depende del día”. Con Géminis custodiando su imagen, la actriz no sólo goza de una elocuencia encomiable, sino que además posee el elixir de la juventud eterna.
AMOR
Como buena Libra su mayor realización en la vida es la pareja. Cree en un amor romántico culminado, por supuesto, en el matrimonio. Para su gloria, logró ese sueño a los 28 años, cuando dio el ‘sí, quiero’ a Pedro Larrañaga, del que parece perennemente enamorada. Venus y la Luna en Escorpio incrementan en el terreno afectivo, su interés por lo difícil. En cuanto a los hombres, según ha reconocido, lo peor es que sean petulantes y desaliñados. Precisamente, con Marte en Virgo, valora todo lo contrario: un hombre humilde y bien aseado.
TRABAS
La luna en Escorpio le hace cuestionarse su propia feminidad. El planeta Saturno contrapuesto a Venus incrementan su miedo al rechazo social y a no tener trabajo. Temores que se trasladan al plano de la maternidad. Para ella, tener hijos sería una traba para consolidar estabilidad de pareja y status social. Una carga que siempre supo que no llevaría.
PROFESIÓN
La Luna en Escorpio y Plutón en el lugar de sus vocaciones, siempre la inclinaron por todo lo detectivesco, aunque con Mercurio en Virgo, también tiene un gran potencial como maestra, de oratoria, botánica, o alguna enseñanza manual –Mercurio está junto a Marte. El arte dramático no le ha propiciado menos alegrías. Sin embargo, su consagración como actriz es una carrera de fondo. Venus contrapuesto a Saturno le auguran logros estables, pero a largo plazo.
DESTINO
En su carta astral no tiene ningún planeta en signos de fuego. Tiene una gran facilidad para elucubrar, evadir u olvidar según más le convenga. Pero le falta decisión y acción. Debe ser por eso que no conoce la rivalidad: “yo soy incapaz de luchar por algo. No soy de las que persiguen y buscan”. Su camino de vida, eso que los budistas llaman Dharma, le impele a emprender un camino de expansión, desde la desconexión. Le invita a viajar sin mapas y a expresarse como le salga del alma, sin contemplaciones..

