La verdad es que casi todas las entrevistas del programa de Bertín Osborne me han interesado bastante pero la que más, hasta ahora, ha sido la que emitieron el otro día con Alaska y Mario Vaquerizo como protagonistas. Me encantó la naturalidad de Bertín unida a la explosividad de Mario junto a la parte más equilibrada que pusieron Alaska y Fabiola, la esposa del jerezano. Pero sobre todo me gustó la lección que dieron los protagonistas del espacio quienes, con su actitud y respeto entre ambos, dejaron un buen ejemplo de lo que una pareja debe ser.
Y eso que, recordemos, la de Dinarama, Fangoria y otras formaciones, siempre ha sido “la rara” de nuestro país. Ésa que se vestía de negro y llevaba maquillajes imposibles, que de pronto se ponía una cresta y se rapaba por los lados, que nunca ha sucumbido a la delgadez que, como personaje público, se le presupone debía tener, que no tiene una gran voz pero canta y que, para colmo, se casa con un chico más de una década menor que ella que la gente tampoco ubica del todo en ningún lado. ¿No es gay? ¿Por qué se pone tacones? ¿Es como se muestra o sobreactúa?
Da igual. A su mujer no le importa nada de eso. Ni a él le condiciona que ella sea “extraña”. Al contrario. Alaska y Mario han convertido sus diferencias, con sentido del humor, en aliadas y así han construido un sólido vínculo del que ya podían aprender los que van por ahí presumiendo de ser “normales”. Es mucho mejor ser imperfecto y diferente que perfecto… y aburrido.