La actriz protagoniza, junto a Pepe Viyuela, el clásico de Aristófanes “Las Ranas”, función en la que da vida al esclavo Jantias y que representa en el Festival de Teatro de Mérida. Más allá, nuestra protagonista continúa con Belinda Washington en “Ni para ti, ni para mí” y prepara, también con su ex cuñada, un nuevo estreno llamado “Insatisfechas”

Foto: Jero Morales
Está feliz por poderse haber metido en la piel de un hombre, el esclavo Jantias, compañero del dios Baco en el camino hacia el Hades que emprende en “Las ranas”. Gracias a esta función, Miriam Díaz-Aroca ha vuelto al Festival de Teatro de Mérida (ya estuvo en él hace años con “Lisístrata”) donde hemos tenido oportunidad de charlar con una comunicadora nata que, entre otros proyectos, tiene pendiente su regreso a la “pequeña pantalla”. Madre de dos hijos de 19 y 9 años (niño, el mayor, y niña, la pequeña), la madrileña se sincera sobre una vida que, desde el respeto, no tiene inconveniente en compartir con ese público para el que es como una más de la casa.
-¿Cómo se ha preparado para asumir un rol masculino? Fue propuesta suya, ¿verdad?
-Sí. Me dieron a elegir entre esclavo y esclava y escogí lo primero. Ha sido un juego, simplemente. Al principio intenté poner una voz más bronca, pero me hacía daño en la garganta. Más allá, mucha interpretación y movimiento corporal. Está lisiado de una pierna, tiene el pecho hundido…
-¿Le gusta verse así? ¡Está irreconocible!
-Me divierte que no me reconozcan ni en el programa de mano (risas). Es una transformación completa, un puro gozo, mi fantasía, mi imaginación…
-¿Tiene algo de hombre?
-Es que no hay nada en ellos que nosotras no podamos tener. Fuerza, coraje, valentía (las mujeres somos más valientes), iniciativa, capacidad de trabajo…
-¿Considera que, desde el mundo clásico a la actualidad, no se ha cambiado tanto como pudiera parecer?
-La tecnología evoluciona pero, a la hora de la verdad, cometemos los mismos errores. Ponemos nuestra confianza en gente que gestiona la sociedad y se aprovecha de ella pero antes pasaba igual.
-Estas historias son también muy trágicas en lo sentimental…
-Pero en eso sí que considero que somos distintos y hemos llegado a una aceptación más inteligente de los sentimientos. Yo apuesto por un amor honesto, de compartir, de aceptar, de respetar. No se trata de buscar tu ideal en el otro. Prefiero una relación sincera basada en compartir, no en competir.
-¿Se ha encontrado en su camino más “príncipes” o más “ranas”?
-Somos un poco de todo. Desde luego que el “príncipe azul”, la “media naranja”, no existe. Como seres humanos hay que pulir el cristal y, las expectativas, envenenan. Necesitamos una pareja que construya, que enriquezca, que te eleve… Ése es el complemento absoluto y la plenitud: que te eleve el alma.
-Cambiando de tercio, es una de las figuras más polivalentes que tenemos… ¿Es algo bueno o malo?
-Soy todoterreno desde siempre. Hubo una época en la que escuchaba que debía centrarme en algo concreto y, cuando lo hice, no me fue mejor. La valía tiene que ser completa y no tengo intención de dejar de cantar y bailar para hacer otra cosa. Fíjate que antes, los que hacían cine veían la “tele” como algo negativo y hoy están todos metidos en ella.
-¿No le apetece volver a hacer algún programa?
-Mucho. De hecho tengo uno en cartera y me gustaría entusiasmar a los responsables de alguna cadena. Sería media hora diaria en la que habría mucha relación con el ser humano.
-¿En alguno de los medios se encuentra más realizada que en otro?
-Es que en televisión, por ejemplo, también se interpreta. En lo que no hay duda es que el teatro es cercano y no permite máscaras. Estás desnudo y es lo más vivificante.
-¿Le gusta lo que ofrece la parrilla actual de la “caja tonta”?
-Hay espacio para todo. Son etapas. No me convence ni me motiva pero me da la sensación que se está abriendo campo. En esta ola no me monto pero estoy preparando la mía (risas).
-En alguna ocasión ha sido objetivo de las miradas indiscretas del periodismo “rosa”, ¿no?
-Poco. Lo que he permitido que saliera. Para mí es parte de mi trabajo y de esta forma lo incorporo.
-¿Le interesa tal vez más la política?
-Como persona. Soy partidaria del bienestar común y en eso se engloban los demás. Para mí lo más importante es mirar con honestidad. La verdad, la integridad y el respeto son los valores que más tengo en cuenta.

Foto Jero Morales