El artista representará hasta mediados de mes en el madrileño Teatro Muñoz Seca, “Yo, Quevedo”, donde se mete en la piel del mítico escritor al tiempo que hace de él mismo durante un espectáculo en el que, situaciones del pasado, vuelven a repetirse, inexplicablemente, en el presente
“Érase un hombre a una nariz pegado…”. Así comienzan unos de los más famosos versos de Francisco de Quevedo, escritor del Siglo de Oro español famoso por su capacidad para satirizar sobre un momento que, en el fondo, no se diferencia tanto del que vivimos en la actualidad. Entonces eran personajes como el monarca Felipe IV y el conde duque de Olivares los que marcaban el día a día y hoy tenemos la reciente noticia de la abdicación del Rey Juan Carlos como arranque de una entrevista a Moncho Borrajo quien, en pleno siglo XXI, también posee el mismo espíritu burlón y crítico del recordado autor, tal y como demuestra desde hace cuatro décadas como el gran profesional del mundo del espectáculo que es.

-¿Tiene algo en común con Quevedo?
-Pues él era católico, bajito y sentimental y yo soy eso… y feo. Era un señor muy inteligente de su época y ambos muy “moscas cojoneras”. No nos callan ni debajo del agua… Bueno, a mí me silencian pero sigo, como Quevedo, fiel a mis ideas. Él se ganó un respeto en la literatura y yo, con el tiempo, en mi campo. De hecho, las nuevas generaciones me llaman “maestro”…
-¿Nunca ha recibido amenazas por su actitud oralmente beligerante?
-Claro que sí. En la primera parte de mi biografía, “Corre, gallego, corre”, cuento que he tenido varias amenazas de bomba. Lo que pasa es que nunca he vendido eso. Sé que todo tiene un precio y, si te metes con el poder, no te dedican espacio en ningún lado. Son muchas exposiciones, más de veinte libros escritos, 42 años sin parar… Eso es muy goloso para que me decantara por un partido, pero no lo hago. Hace poco colgué un vídeo-denuncia en youtube que lleva más de cien mil visitas y nadie me ha llamado para preguntarme nada al respecto…
-En la “tele” desde luego, no aparece… ¿Cuál es su opinión al respecto de programas como “Sálvame”, “Mujeres, hombres y viceversa”, y otros…?
-Hay dos formas de verlos. Está la parte de entretenimiento (en la que me parece una barbaridad tanto que llegue a ganarse ese dinero por contar que te han pegado como esos “cachas” y esas chicas de un nivel de formación y valores pobrísimo) y la parte cultural (donde encontramos a gente como Belén Esteban la cual, después de quince años, no ha evolucionado ni aporta nada). No podemos tener esos ejemplos…

-Siempre critica a los políticos pero aquí no cambia nada… ¿Es una lucha utópica?
-La corrupción existe. Lo que no se puede es promoverla. Todo no vale. Se promocionan libros de mierda y a los escritores buenísimos ni se les mira. Soy un hombre de fe. Tengo 64 años y sigo pensando que podemos cambiar cosas aunque nos dirigimos a una sociedad con una clase alta, una baja con sueldos irrisorios, y sin clase media. Por desgracia, el mundo está manejado por un grupo reducido de personas para las que, Rajoy y otros así, son “muñecos de paja”.
-¿Qué sería lo primero que haría si fuera político?
-Cambiar la ley electoral. Este proteccionismo que hay hacia los políticos (y eso de tener el doble o el triple que en otros países) es incomprensible. Y luego asentaría todo sobre tres pilares intocables: la educación, la sanidad y el retiro de los mayores.

-Por cierto, el rey Juan Carlos abdica…
-Antes tenía que haberlo hecho. Y con más contundencia hacia Cristina y Urdangarín. En la corte conocían los defectos del rey pero se los perdonaban. Se suponía, se creía, se decía… Nunca he sido monárquico pero sí “Juancarlista”. Felipe está preparado pero… ¿para qué?
-¿Y Letizia?
-Tiene que olvidarse de que tiene un carácter muy fuerte. Las caras no pueden ponerse en la calle igual que en privado. Inteligente, sin duda. Preparada, también (ha tenido un referente ideal). Sin embargo debe aprender a navegar en muchas aguas.
-En sus montajes emocionan sus reflexiones sobre el ser humano… ¿El amor peligra?
-En tres lustros se han tirado por la borda la ternura y los afectos. Todo se reduce a follar. Los tíos y las tías son maravillosos y la meta no es encontrar a alguien con quien compartir, sino sexo. Se ha perdido la magia, rituales como el de comer todos a la mesa. Necesitamos anclajes… Fíjate que ahora a los “gays” les ha dado por llamarse “cari”… ¡Qué falso es! Hemos materializado las cosas y, claro, así nos va como nos va.
