Hubo un tiempo, voy a comenzar como si de un cuento se tratase, en el que a la gente le hacía ilusión conocer a grandes artistas o a grandes escritores y, por conseguir un autógrafo de ellos (lo de la foto era un plus que casi ni se pensaba), se hacía lo que fuera necesario: aguardarlos a las salidas de sus camerinos incluso horas o esperar interminables colas en firmas de libros –y no me refiero al de Belén Esteban precisamente- para obtener de sus ídolos unas palabras o unas letras escritas en un papel (que después se guardaba con mimo y, de vez en cuando, se sacaba de la caja donde lo habíamos depositado para recordar, a través suya, tan inolvidable experiencia). Eran momentos de una cierta inocencia que, en cuestión de muy pocos años, han dado paso a otra cosa ya que, según podemos comprobar, los referentes han cambiado… y el contacto que se busca con ellos, también.
Y así, una de las modas más en auge en la actualidad es organizar fiestas en discotecas –nada de eventos en teatros ni librerías (qué aburrimiento por Dios)-, donde el gran atractivo, además de ponerse ciegos de beber y lo demás, es poder saludar y hacerse un “selfie” –lo de las “autofotos” va incluido en el precio de la entrada- con esos nuevos “dioses de barro” (o músculo, según se mire), llamados “tronistas”. Populares por sus apariciones en el programa “Mujeres y hombres y viceversa”, gran espacio que no he tenido el placer de ver nunca, estos chicos y chicas cuentan por miles sus seguidores en las redes sociales y tienen una trascendencia social que ya quisieran para sí mismos otros que van (o lo son) de cultos y serios.
Esta semana, por ejemplo, se ha despertado una polémica por la publicación en Instagram, la plataforma en alza, de una imagen de un tal Alberto Santana mostrándose tal y como vino al mundo, eso sí, de espaldas. Un desnudo integral, maravilloso pero muy estudiado desde luego, en el que el chaval enseñaba su espalda y su trasero sin complejo (¡cómo lo va a tener!) mientras, según parece, disfrutaba de sus vacaciones. Claro que, enseguida, los comentarios no se hicieron esperar algo a lo que él, con sentido del humor, respondió en twitter: “Últimamente me sale todo de culo”.
Tony, Isaac, Ángel, Alex… Son otros nombres de estos “tíos buenos”, sin nada en la cabeza y todo en sus brazos tatuados, bajo los que subyace un gran peligro para quienes los toman como ejemplo sin ser conscientes de que son una fantasía tan superficial como el medio audiovisual del que provienen. Claro que, hacer comprender esto a una generación de “Peter Panes” cuya máxima preocupación es saber cuántos gramos de arroz tienen que tomar antes de ir al gimnasio o qué prótesis pueden usar para aumentar el tamaño de sus mamas o glúteos, es tan inútil como predicar en el desierto. Por tanto, mejor contemplar la “batalla” desde el palco y que sean los gladiadores quienes luchen entre ellos. Es evidente que, entre el circo romano y esto, no existe tanta diferencia.