La sanluqueña, que con 18 años fue la “benjamina” en la primera edición de “Operación Triunfo”, regresa a las pistas con un tema latino muy bailable titulado “Con Ganas”
Reconoce sus 35 años sin aspavientos, derrochando positividad y ‘buen rollo’ a cualquiera que se le acerca para saludarle, devolviendo siempre el mismo cariño que supo recoger y conservar del público tras su paso por “OT”. Auténtico prototipo de chica ‘hecha a sí misma’, Natalia Rodríguez se transforma en una auténtica diva cada vez que sube a un escenario, sin olvidar que después pisa el suelo firme que su familia supo inculcarle desde su Sanlúcar de Barrameda natal, a la que siempre le gusta volver para reencontrarse con la naturaleza y sus playas.
-¿Tienes algo que ver con la protagonista de tu último éxito?
-Se trata una historia real que está viviendo una amiga y lo he querido asumir como un problema mío al ponerme en el papel de una amante que está con un hombre casado que no quiere desligarse de la otra relación. Es una situación muy real que, por desgracia, nunca suele tener un desenlace feliz.
-Porque tú en estas cuestiones sentimentales lo tendrías claro…
-Hombre, tengo a mi pareja desde hace once años y desde luego no perdonaría unos “cuernos”. Me considero una persona muy fiel, soy mujer de un solo hombre y, aunque tenga una pose moderna, estoy muy chapada a la antigua.
-¿Ha cambiado mucho Natalia desde “Operación Triunfo”?
-A mí la fama no me ha transformado. Si preguntas a mis amigos o a mi familia te pueden asegurar que sigo siendo la misma. Si es verdad que, en lo laboral, el paso del tiempo me ha ayudado a ser más consciente de todo lo que rodea a mi trabajo. Me siento muy responsable cada vez que saco un producto nuevo y le tengo muchísimo respeto a mi público.
-¿Cómo has vivido el retorno del concurso que os dio la fama?
-Me ha enganchado bastante. Creo que ha sido una edición muy divertida, con chicos y chicas muy naturales y, además, con muchísimo talento. He intentado no perdérmelo ni un lunes.
-A vosotros se os vio más “recataditos” ante las cámaras que los nuevos “triunfitos” … ¿Por qué?
-Nosotros no sabíamos muy bien de qué iba el tema cuando entramos en la Academia. Todo era nuevo, íbamos de prudentes, no decíamos palabrotas, teníamos muchísimo respeto a Nina, la directora… Era más complicado que existiese el “colegueo” que se ha vivido ahora. De todos modos, nosotros en las habitaciones éramos más gamberros… pero ahí no había cámaras (risas).
-¿Crees que hubieras encajado en esta nueva etapa del concurso?
-A la perfección. Y no solo por mi actitud y forma de ser, sino también por mi tipo de voz. En mi edición, por ejemplo, las chicas tenían voces muy grandes, tipo Whitney Houston o Aretha Franklin, como las de Rosa, Chenoa, Nuria Fergó, Gisela o la propia Geno… La mía era más finita, como aniñada, e incluso me hizo sentir un poco de complejo. Este año, el tono se asemejaba más a lo que yo proponía con su edad.
-¿Ves en ellos un recorrido tan longevo como la que lleváis la mayoría de los de la primera edición?¿Qué consejos les podrías dar?
-Que siempre sean muy humildes, sin llegar a creérselo nunca, y que escuchen a aquellos que les guían. Como experiencia personal les diría que, si no se ven respaldados por una gran compañía, confíen con fuerza en ellos mismos y nunca tiren la toalla. Como yo misma digo: “Si yo quiero, yo puedo”.
-No se te ha visto nunca en revistas del corazón…
-Soy muy celosa de mi vida privada. En realidad, no he dado mucho pie y, cuando me preguntan por mis compañeros de “OT”, tampoco suelo contestar porque nosotros nunca hablamos los unos de los otros. Una vez me llegaron a ofrecer una buena cantidad dinero por posar en topless, pero no me quito el biquini ni en mi propia piscina… (risas). Soy muy pudorosa. Solo cuando me subo al escenario me vuelvo más “leona”, con fuerza, sexy… Luego, soy una chica de barrio a la que le gusta ir al cine, al Carrefour, preparar mis pucheros…
-¿Cómo te mantienes en forma?
-Soy muy constante con el deporte. Me gusta correr seis kilómetros diarios, hago crossfit y además cuido mucho mi alimentación, sobre todo desde que, hace poco, le dio un infarto a mi hermano. No tomo comida procesada, ni bollería, ni frituras.
-¿Tienes secretos de belleza? ¿Te gusta cuidarte?
-Pues sí, hago de todo (risas). Me dicen “Doña Cremas”. Desde los 14 años tengo mis rutinas de belleza, enseñadas por un dermatólogo. Además, no suelo tomar el sol en la cara y la protejo con factor 50. Todavía no he pasado por quirófano ni me he pinchado nada, pero no reniego de la medicina estética. Si es para mejorar tu imagen, es normal que lo hagas.
-¿Estás a favor de los cuerpos depilados o prefieres ser como Amaia?
-(Risas) Mira, soy imagen nacional de unos centros estéticos que se dedican a la depilación y la apoyo a tope por higiene y estética. De todos modos, que cada uno haga lo que quiera. Es muy sacrificado depilarse y cuidar tu cuerpo, incluso a veces pienso que debería haber sido un tío para no preocuparme de estas cuestiones.
-¿Te consideras femenina o feminista?
-Las dos cosas. Llevo desde 2006 haciendo letras feministas para apoyar a la mujer y su liberación del maltrato y que nadie te domine. En “Loco por ti” ya cantaba “Yo decido cómo, cuándo, dónde y quién”, que casualmente ahora repiten en “Lo Malo”.
-Por cierto, ¿te has sentido alguna vez acosada o presionada durante tu carrera?
-He tenido la suerte de que mi hermano mayor se convirtió en mi “sombra” nada más salir de “OT”. Así que nadie ha tenido “cojones” de hacer nada delante suya. Nunca me han hecho una proposición indecente. Si alguien llegase a proponerla, te aseguro que le pintaría la cara y lo haría saber de inmediato para que nadie trabaje con esa persona.
-¿Entra la maternidad en tus proyectos más cercanos?
-Cuando tienes 35 años y un noviazgo tan largo todo el mundo te pregunta siempre lo mismo. Hay como una presión social para que te cases y seas madre. Quizá biológicamente debería tenerlo ya, pero en realidad no me siento preparada para esto porque mi trabajo ahora no me permite pensar en parar y seguramente, una vez tenga el bebé, mi vida profesional ya no sería igual. Me da miedo saber cómo me afectaría ese cambio, aunque sé que sería una gran madre, porque ya soy una gran tía.
