Coincidiendo con su 40 cumpleaños, Niña Pastori lanza “Bajo tus alas”, álbum con colaboraciones como las de Pablo Alborán, Vanesa Martín o Manuel Carrasco que presentará el próximo sábado, día 26, en Sevilla
Será en el Auditorio FIBES donde Niña Pastori presentará su nuevo disco, producido por su marido, Chaboli, y que le llega en un momento de madurez desde el que contempla todo con mayor serenidad. Feliz en su faceta como madre de Pastora y María, esta “artista de artistas” cuenta en su trayectoria con cuatro Grammy Latinos, además de otros reconocimientos que la señalan como el gran referente que, desde el principio, ha sido. Ahora, en su mejor momento vital, con 40 años recién cumplidos, nuestra entrevistada regresa al mercado haciendo lo que mejor sabe hacer: cantar y hacer vibrar al público con su forma única de interpretar sus letras y sus melodías.
-Dicen que los 40 son muy definitivos…
-Puede ser. En mi caso llevo como unos tres años notándome distinta. Verlo todo claro es muy complicado pero sí que empiezas a tener prioridades, a disfrutar de lo que, cuando eres más joven, no tienes tanto en cuenta (a pesar de que siempre he valorado los pequeños detalles). Y luego te encuentras fuerte por dentro, con energía, con ganas de emprender nuevas aventuras.
-Tal vez se tiene más claro lo que no se quiere, ¿no? ¿Has dicho que “sí” en tu camino a mucho que no te apetecía demasiado?
-No, la verdad que no. He sido muy espontánea (que a veces juega malas pasadas) pero he hecho, desde la honestidad, lo que he querido y he sentido. Lo mismo tendría que haber corrido menos en alguna ocasión pero bueno, hay muchas presiones que te van llevando en una u otra dirección. En mi faceta personal, sin embargo, sí que me considero más pausada.
-¿Es cierto que cuando se es madre se entienden mejor, en general, muchas cosas?
-Para mí los hijos te abren los ojos ante la vida y sí que a través de ellos le das importancia a mucho en lo que hasta entonces no habías caído. Valoras el ser humano, la piel. Con Pastora, al ser la primera, lo noté mucho. Fue un cambio muy grande.
-Pastora precisamente ha llegado a confesarte que te echaba de menos… ¿Tienes la sensación, como les sucede a otros artistas con sus hijos, de haberte perdido parte de su crianza?
-No, a mí no me ha pasado eso. Cuando nacieron aflojé mucho el ritmo y trabajaba sobre todo en España y los fines de semana. Todavía son pequeñas (Pastora tiene nueve años y María, seis) pero no me he perdido mucho. De hecho, desde que llegó la mayor dejé la noche, no en el mal sentido sino en lo que al estudio y la composición se refiere (porque en esas horas estábamos más tranquilos). Aparte, yo solo me muevo de mi casa por algo laboral y tiro de las niñas siempre que puedo. Intentamos estar el máximo tiempo posible los cuatro juntos. Habrá que preguntárselo a ellas cuando sean mayores…
-Es una época ésta en la que las manifestaciones en relación a la mujer están muy de actualidad y tú perteneces a un colectivo, el gitano, donde hay unas creencias muy concretas en relación al colectivo femenino… ¿Cuál es tu reflexión al respecto cara a tus niñas? ¿Qué mujeres te gustaría que fueran?
-Mira, el flamenco tiene fama de machista pero yo no opino así. Ahí están Pastora Pavón, La Perla de Cádiz… Grandes cantaoras y grandes bailaoras que también ha habido con un papel muy destacado en este arte. Más allá, nunca me he sentido acosada ni me he encontrado con un alto cargo (hombre) que me haya tratado mal. Siempre me han respetado y los palos que me han dado de jovencita se los podrían haber dado igualmente a un chaval. Y respecto a mis hijas quiero la libertad absoluta en todos los sentidos. Una sociedad sana, con verdad, con herramientas para evolucionar… Creo que no hay una palabra más bonita que “libertad”. Lo reúne todo. Libertad para elegir tu profesión, tu pareja, para criar a los tuyos… Es lo más hermoso, junto al amor.
-Volar también es maravilloso… ¿Cuándo y dónde sientes tú que tienes esas alas presentes en el título de tu álbum?
-Sobre el escenario. No todo es color de rosa para los artistas y sufrimos igual que el resto pero yo me siento verdaderamente plena cuando canto. Es una sensación inexplicable que no me da nada ni nadie. Es algo mío, único y personal donde me expreso, me desahogo y puedo ser realmente yo. Por lo demás intento no dañar a nadie ni con el viento.
-¿El aplauso engancha?
-Hombre, sentirte querido hace que te entregues más, aunque yo desconecto de maravilla. Será que lo llevo haciendo desde muy pronto. No soy todo el día Niña Pastori. ¡Qué pereza y qué estrés eso! Termino de actuar, me voy al hotel y entonces me convierto en María, la mujer de Chaboli y cuando llego a casa son mis niñas, sus colegios, un cine, la playa… Me pongo mi cola o mi moño, mi ropa cómoda y mis zapatillas y la artista desaparece…


