El que es uno de los creadores de trajes de flamenca más veteranos del sector se sincera al respecto de una biografía marcada por la lucha y el espíritu de superación
Tiene 69 años y lleva desde los 25 dedicado a un mundo, el de la confección de trajes de flamenca, al que llegó casi por accidente. Y es que lo suyo era la electricidad hasta que, a raíz de sufrir un accidente, decidió realizar un curso de patronaje industrial para, ayudando a Chari, su mujer –profesora de corte y confección-, levantar un negocio en el que hoy tiene a sus cuatro hijos implicados (Emilio José, Juan Francisco, Raúl y Mari Cruz) y desde el que exporta su catálogo a toda España. Es el resumen de la historia de Paco Álvarez, un luchador nato al que aún le quedan muchas cosas por hacer…
-¿Imaginaba que el destino le tenía preparada esta profesión?
-Claro que no. Si a mí me dicen mientras me casaba que iba a dedicarme a esto, salgo corriendo (risas). Escuché a mi esposa una noche lamentarse de la cantidad de encargos que tenía y por la mañana, hecha ya mi formación, tenía doce trajes cortados por mí. Ése fue el principio de nuestra empresa.
-Actualmente tiene dos tiendas, en Gerena (fábrica) y en Coria… ¿Qué sensaciones le provoca ver que ha logrado todo lo que ha logrado?
-Imagínate. Mucho orgullo. Tenemos además puntos de venta en muchos lados. En Madrid, en Barcelona, en Salamanca, en Granada… No descansamos ni en Navidad ni en verano porque la producción no puede parar. Empecé sin un duro y todo ha sido a base de esfuerzo de día y de noche. Chari tenía que dedicarse a los niños y yo me iba a una fábrica pequeñita que monté en un cuarto.
-¿Cuál es el sello que diferencia el traje de Paco Álvarez de los demás?
-Yo creo que nos distingue la confección, la limpieza que llevamos en este sentido. El corte nos gusta manual, no de ordenador. ¡Ah! Los escotes de cordoncillo son originales míos. Luego se han popularizado mucho pero fui yo quien los ideó.
-¿Hay una tendencia concreta para esta temporada?
-Se lleva todo aunque los canasteros están batiendo el récord. También hay muchas telas de fantasía, lino, gasa…
-Tiene una horquilla de precios que van desde los 250 a los 600 euros… ¿Hay algo que no puede faltar en un vestido para que sea flamenco?
-No puede perderse la esencia. Y tienen que ser cómodos dentro de los tejidos que vayan saliendo. Antes me iba a Barcelona y hacía 300 metros de tela a mi gusto. Hoy eso no es posible pero se hacen cosas bonitas. Eso sí, lo de las pasarelas no siempre sirve para una feria o un Rocío. Lo más espectacular que hemos hecho nosotros fue una pieza reversible en camel y beige.
-¿Se sorprende de hacia dónde ha ido derivando este negocio?
-El traje de flamenca ha sufrido una explosión en popularidad. Es el traje de España por excelencia. Hasta las misses se lo ponen como típico de nuestro país. Es el que más embellece a la mujer que, de gitana, es la más guapa del mundo. A mí me han venido chicas gorditas llorando porque no ha querido vestirlas alguna firma y se han ido felices de lo que le hemos hecho para ellas. Hay diseñadores que no son tales. Cogen a verdaderos profesionales para que les acompañen pero ellos no saben ni coser un botón.
-¿Ha sido el trabajo muy importante en su vida?
-Ha sido todo. Una mezcla de pasión, amor, ilusión y sacrificio. Solo tengo una “espinita” y es no haber recibido el reconocimiento de mi pueblo. A cualquiera que llega de fuera le hacen más fiestas y a uno, que ha paseado el nombre de Gerena por todos lados, nada. Será condición humana…