La artista se reinventa como escritora con la novela “El océano de la memoria” y, a la vez, ultima los detalles de “La décima musa”, obra musical con la que, el próximo miércoles, abrirá el Festival de Teatro de Mérida
Más de cuatro décadas cantando y enamorando con una voz privilegiada que la convierten en una de las mejores intérpretes de nuestro país constituyen una inmejorable carta de presentación… si ella quisiera aprovecharse de esta trayectoria. Sin embargo, a Paloma San Basilio le gusta empezar de cero y apasionarse como una niña con zapatos nuevos teniendo entre sus manos proyectos como su primera novela, “El océano de la memoria”, o el estreno, esta semana, de “La décima musa” para el Festival de Teatro de Mérida.
-Con este libro podemos afirmar que la escritura se ha convertido en su compañera de viaje, ¿verdad?
-Sí. Siempre me gustó desde que era una niña. Lo que pasa es que en cada etapa disfrutas de un ámbito concreto. Cantaba pero también escribía mientras pensaba: “¿Por qué no lo haré más?”. Son más de 600 páginas en las que he indagado en la España de la guerra y la posguerra y todo ello en la atmósfera de Cádiz, el gran inspirador de un texto que es muy de mujeres.
-Creo que le importan poco las críticas hacia esta nueva faceta suya…
-No escribo para quienes vayan a atacar la novela, aunque los respeto muchísimo. Lo hago para mí y para los que me sigan. Doy por hecho que por llamarme Paloma San Basilio –que algunos pensarán es una ayuda para sacar un libro-, existen unos prejuicios por parte hasta de quien me pueda entrevistar. A veces cuesta mantener, en medios serios, una charla seria sobre tu obra y tienes que soportar preguntas impertinentes, fuera de contexto y amarillistas. ¿Por qué tenemos tanta falta de tolerancia a la hora de aceptar que alguien pueda hacer varias cosas?
-¿Cuánto tiene de esa diva “glamourosa” que es para muchos?
-Supongo que eso es por la manera mía de estar sobre un escenario o por cómo intento tener mucho respeto por mí y por el público y la profesión que he elegido. Soy bastante honesta y se nota que no estoy intentando engañar a nadie ni vender nada. Sé lo que quiero y lo que no, aunque sea bueno ser flexible y no dar la sensación de que impones tus normas caiga quien caiga porque, de pronto, algo que pensabas que no era idóneo, puede estar bien.
-¿Se considera, en general, una persona afortunada?
-Sin duda. Soy una persona muy afortunada. Hasta cuando me tuerzo un tobillo, como esta mañana, pienso la suerte que tengo de no haberme caído por las escaleras. Me llevo bien con la vida. No lucho contra ella sino que voy de su mano y eso vuelve más sencillo el caminar.
-¿Quizás su mayor “espinita” son los años que ha perdido con su hija?
-Sí. Ése es de los episodios con menos luz, donde noto un dolor por su parte y la mía. Hace poco leí una entrevista que le han hecho en Los Ángeles y recordaba lo sola que se sentía cuando murieron sus abuelos. Ella sabía que yo tenía que sacar adelante a mi familia y que ésa era la razón por la que me dejaba la piel sobre los escenarios. Eso sí, desde que he podido le he demostrado que me va a tener para ayudarla y apoyarla incondicionalmente siempre.
-Ha cumplido los 65… ¿Es una buena etapa?
-Maravillosa. No me podía imaginar que esto sería así y que, cada etapa que empiezo, es mejor que la anterior. Vivir es un regalo. Hombre, influye el que tú te encuentres bien. Si hay un deterioro es más complicado decir esto y hay que entenderlo pero no le temo al paso del tiempo.
-¿Cuáles son sus miedos entonces?
-El dolor de la gente que quiero, que sufran una enfermedad o que les pase algo. Seguramente porque he experimentado perder gente antes de lo que tocaba.
-En su novela está muy presente el amor y su concepto al respecto es un poco distinto a lo que muchos siguen…
-Para mí el amor es una actitud, una forma de ser. No puedes circunscribirlo a una relación de pareja. Sería quitarle oxígeno. Es la relación contigo, con los tuyos, con el tiempo. Es tan universal y tan abierto… Para mí una relación debe ser algo voluntario, por elección, tolerante, generoso… Cada uno debe tener su espacio y eso es sano. Cuando alguien se acomoda a alguien hay una parte de ti mismo que se cercena. Hay personas muy felices así pero otras muchas, no y yo lo veo constantemente y me pregunto: “¿Por qué no se arriesgan a estar en soledad?”. Es muy cómodo tener a alguien al lado para que te diga a qué cine ir o que te prepara la tortilla de patatas y así no se crece porque es un acomodamiento que va en contra de la evolución del individuo.
-Entonces, ¿no tener pareja es fracasar?
-Está claro que no. De las relaciones que conozco, bajo mi perspectiva, el 80 por ciento son un fracaso. Me parece más triste fracasar como pareja que como persona. Fracasar como pareja es hacerlo dos veces.
-¿De todo esto habla con sus nietos?
-Con el mayor, Neo, que tiene 16 años, mucho. Son niños curiosos a los que les gusta aprender. Alma es más pequeña pero apunta maneras. Quiero que sean respetuosos, tolerantes, que se preocupen por los demás, por saber… Esa circulación emocional entre abuelos y nietos es muy enriquecedora para ambos.
Maquillaje y peluquería: Paco Cerrato y su equipo
Producción: Jesús Bolín // Antonio Montero
Fotografía: Selu Oviedo
Ayudante de fotografía: José Manuel González
Complementos: Santamaría Joyeros
Zapatos: Emporio Donna



