Y yo soy un perfecto ejemplo de ello pues hace dos años y medio comencé un duro entrenamiento que ha transformado mi cuerpo y que me ha servido como base para escribir un libro que estoy preparando y donde cuento no solo mi experiencia sino, más allá, los pasos generales que hay que dar para disfrutar de una buena forma física y, lo más importante, un cierto equilibrio mental cuando uno va cumpliendo años. Con una estricta alimentación -y una asistencia casi diaria al gimnasio-, hoy puedo no sé si presumir pero sí sentirme orgulloso de imágenes como las que subo a diario en mi cuenta de Instagram, @yoestoycomonunca. Ahí he descubierto que hay gente con veinte o treinta años que te manda todo tipo de comentarios admirados, públicos y privados, por un cuerpo que les gusta pero, sobre todo, me he dado cuenta de que una buena “carta de presentación”, a pesar de que cueste lograrla, abre más puertas de las que yo hubiera podido imaginar nunca.
Por eso, cuando he visto a David Bustamante, de vacaciones en Cuba con su familia, he entendido que vaya a ponerse a entrenar de inmediato ya que, su recordada “tableta de chocolate” se ha convertido precisamente en eso, en un recuerdo del que no queda nada. Y aunque hay a quien le gustan los “fofisanos”, a mí me parece que el cantante es demasiado coqueto como para no ponerse “manos a la obra” y, en breve, volver a ser el que era. ¿Su mayor consuelo? Que el objetivo que mucho esfuerzo supone, más satisfacciones produce.