Pascual es un gran tipo. Una gran persona y un gran personaje también. De esos que cuando nacen marcan un antes y un después. Que ven sus moldes romperse para que no existan dos como ellos. Que hacen historia
Por eso el martes que viene Pascual tendrá su calle en Sevilla, ciudad inspiradora de su obra poética y musical y que, hasta ahora al menos, en lo que reconocimientos se refiere no ha estado a la altura que él merece. Pocos le han escrito tantos versos a nuestros barrios y a nuestra gente, y a nuestros monumentos, y a nuestra Feria de Abril, y, cómo no, a nuestra Semana Santa. Pocos como este vecino del barrio de La Calzada –donde estará su calle- han sabido captar nuestra esencia con tanta claridad, tanta generosidad y tanta entrega.
Luchador incansable, Pascual ha superado una enfermedad que, de momento, mantiene su voz callada. No importa. Esa garganta suya ha cantado tanto, ha declamado tanto, se ha emocionado tanto que no está de más que descanse una temporada para que sea otro sentido, el oído, el que escuche todo lo mucho bueno que se merece.
Con su carácter fuerte y apasionado, con sus excesos, con su sentido del humor, con su talento, a Pascual hay que quererlo. Y darle muchos honores. Y decirle muchas veces que nos sentimos muy orgullosos de que sea como es y de que sea nuestro. Por todo eso, y mucho más, gracias y enhorabuena, Pascual González.
