Conocido como ‘El alquimista de las estrellas’, Pedro García nos desvela, cara al comienzo de 2014, las claves para tener un año de crecimiento y superación personal
Redacción Sevilla Magazine
Coach multidisciplinar, especializado en life coach, anti-aging, equipos e imagen, este barcelonés sevillano de adopción cuenta con un amplio currículum entre el que figuran estudios en Estados Unidos amén de colaboraciones en programas de comunicación como, por ejemplo, Operación Triunfo, donde ejerció como representante de los concursantes de la primera y la segunda edición. Confidente de personajes como Ana Rosa Quintana, Cristina Tárrega o Nuria Fergó, entre otros muchos, Pedro García nos aporta las claves de su profesión y de un crecimiento personal siempre en ascenso.
-De un tiempo a esta parte se han puesto de moda los ‘coach’ pero, ¿a qué se dedican exactamente?
-Pues como bien dices es una moda de algo para lo que, o naces con unas facultades, o no puedes dedicarte a ello. No es un psicólogo ni alguien que te diga lo que debes hacer sino que te asesora lo que es mejor para ti mismo. A mí no me interesa el antes. Puedo ayudar tanto a un equipo de trabajo en una funeraria como a alguien que cuide de su imagen. En Estados Unidos, donde casi todos los empresarios tienen uno, son “ángeles de la guarda” que, sin llegar a tener amistad, puede ayudar mucho a sus clientes. En realidad, te conviertes en todo: en entrenador personal, confesor, hermano, padre… Eso sin implicarte personalmente. Hay como un interruptor que te pones.
-Pero, ¿dónde se aprende esto?
-La vida es la que te enseña a ser coach. Debes mantener una gran empatía con quien tienes delante. Una dieta, por ejemplo, la haces tú, no yo. Lo único que explico los procesos que irás sufriendo. No puedes imponerle a nadie las cosas. Algunos empresarios fallan en eso, intentando convertir a los empleados en androides. Primero hay que formar al que dirige.
-¿Cuándo descubrió su vocación?
-Mis amigos, me llamaban “papi” (risas). Desde los 18 años estoy fuera de casa y, hace seis años, no tenía ni para comer. En Estados Unidos cuidaba enfermos de SIDA y eso te da una experiencia que te hace ver la vida de otra manera. Siempre he tenido el don de no juzgar y, para atender a los demás, hay que ponerse en su lugar.
-Muchos famosos le siguen, ¿verdad?
-Bueno, algunos me llaman, sí. Ana Rosa Quintana, Rosa Benito, Raquel Bollo, gente de la aristocracia… No funciono a nivel mercantil, sino por el boca a boca. Si me interesa, lo cojo y, si no, no. No como de ser coach.
-¿De quién no lo sería?
-Todo el mundo merece una oportunidad. Sería coach hasta de alguien en la mendicidad. Ser selectivo aquí es un poco pedante. Perder las formas me parece tan agresivo… Todos necesitamos de todos.
-¿Necesitan un ‘coach’ muchos políticos?
-Muchísimos. Les haría abrir los ojos y tengo alguno entre mis seguidores. Habría que cultivarles la humildad que, por otro lado, es la base del éxito.
-Pasemos a cuestiones genéricas que puedan servirnos a todos… ¿Cómo debemos actuar si buscamos trabajo?
-Ahí soy muy “cañero”. Echando currículums no se consigue, no vende. Hay que ir a las empresas, visitarlas, ofrecerte y, a partir de ahí, vendrán resultados.
-¿En qué fallamos en el amor?
-En la infidelidad y en el tiempo. El amor es como una planta. O dices “te quiero” o se muere. No entiendo las parejas “abiertas” y, por supuesto, ser infiel, tarde o temprano, destruye una unión.
-Pero la religión en esto ha creado muchos complejos, ¿no?
-Hay mucha manipulación de la religión. La Iglesia merece un respeto. Tiene cosas buenas y malas pero, ante todo, lleva por delante la vida de un hombre llamado Jesucristo que no discriminaba ni a gays, ni a lesbianas, ni a nadie. Sea como sea, cada uno tiene sus creencias y hay que respetarlas.



