Presidente de la Asociación Qlamenco, el estilista y director artístico de SIMOF -desde el comienzo del Salón-, analiza el presente de la moda flamenca, y andaluza, en exclusiva para “Sevilla Magazine”
La claridad de su discurso puede herir a quienes no están preparados para enfrentarse, cara a cara, con la verdad descarnada. Pero así es Pedro González. Un hombre sin medias tintas que, como buen espíritu renacentista, solo claudica ante la belleza y ante la inteligencia. Estilista, escritor de libros como “Escuela de modelos” o “Manual del estilista”, formador de modelos, maquillador, diseñador y, sobre todo, auténtico impulsor de la moda en Andalucía (ya que, aunque siempre se hable de la que ha sido su jefa directa hasta no hace mucho, Raquel Revuelta, todo el que ha estado cerca sabe que es sobre todo de su cabeza privilegiada de la que han nacido eventos como SIMOF, Andalucía de moda o, más recientemente, SIQ). Presidente de la Asociación Qlamenco, hoy, este gaditano de 55 años, se sincera para nuestros lectores…
-¿Cómo surgió, y con qué intención, la idea de esta asociación que presides?
-Cuando salí de Doble Erre, con toda la convulsión que eso supuso, tenía dos opciones: o seguir soñando con trabajar con Valentino, que era difícil por mi edad, o emprender un nuevo camino. La enfermedad de mi madre me ha tenido muy atado y por eso decidí quedarme aquí y una de las vías que creo necesitaba atención -por la banalización del sector, donde fui pionero desde el 94-, era la moda flamenca. Estamos muy perdidos en moda, con mucha digitalización, y me parece que había que dar un paso atrás no para coger impulso, sino para revisar los valores y volver al inicio: al buen patrón, a la sastrería, a la aplicación, a lo lento… Una rutina que ha hecho felices a nuestras familias y que, con tanto móvil, se ha perdido. Ésa es la filosofía que hay detrás de Qlamenco, cuyo nombre se me ocurrió, hace un año y medio, por la “Q” de calidad. Quise implicar a los poderes administrativos y, aunque algunos me han atendido, como no tengo un nombre público, otros ni me han contestado. Hay una cuota y soy presidente, pero no intervengo en nada de dinero. Solo pongo mi parte creativa. Entre muchas satisfacciones hemos estado en París, con una directora de la cámara sindical a la que le enseñamos lo que, en nuestro sector, se hace en Andalucía, a partir de lo que surge un interés por hacer cosas conjuntas.

-Desde tu análisis, ¿en qué sentidos se ha avanzado y en cuáles se ha sufrido un retroceso dentro de tu ámbito?
-Bueno, como te decía, se ha producido una banalización de algo que es serio. Fiscalmente, aunque hay números que atestiguan que la facturación de moda flamenca -de Despeñaperros para abajo-, mueve una cuantía importante de dinero, existe una economía sumergida por combatir. Eso no pasa por exigir al ciudadano, sino por dar facilidades. Por otro lado, experimentamos una liberalización mental del traje de flamenca con un pluralismo y progresismo que va con los tiempos. En nuestra sociedad todo es lícito, la mujer selecciona y elige, no hay un gusto, sino muchos gustos y todos los ciudadanos tienen algo que decir. Así que me encanta, por ejemplo, que Antonio Gutiérrez lleve el chándal a la flamenca y que, en Granada, haya quien se ponga para la feria un chándal con un traje de volantes.
Tengo la firme voluntad de nunca caer en el inmovilismo. Eso es lo que te hace ser antiguo. Entiendo el miedo de las diseñadoras clásicas, pero la cabeza debe estar abierta”
-¿La moda flamenca no ha dado ya todo lo que podía dar de sí?
-No. Igual que el arte. A los impresionistas no los dejaron exponer. Y no hubiera existido un Picasso si todo el mundo hubiera seguido pintando como Velázquez. La moda flamenca seguirá y entrarán las nuevas tecnologías, las 3D, tejidos que combatirán el calor… Los fabricantes, de hecho, están incorporando nuevas telas para la flamenca. Eso es maravilloso y no somos conscientes de la barbaridad que esto significa, al margen que te llegue más o menos. Es llevar a las ferias lo que hay en la sociedad.

-Hay quien opina que a una flamenca no se le pueden poner lentejuelas o que, lo que hacen las nuevas generaciones, no son trajes de gitana…
-Todo lo que tiene que ver con la cultura va unido al progresismo. No es un valor de izquierdas, es un valor de sentido común, una evolución humana. Cambiamos de amante, de bares, de ropa… porque el ser humano es cambiante. Pasos para atrás, no. Apertura mental, sí.
No existe un top de la moda flamenca, existe un top de la factura flamenca y para mí hay un antes y un después en mi vida después de ver trabajar a un Pepe Castillo, a un Justo Salao y a una Lina”
-¿Cuál es el consejo que más le repites a los nuevos diseñadores?
-Que dejen de ser mariquitas de “¡Hola!”. Hay que ser serios, formales y legales. Una cremallera no puede estar torcida nunca. La moda tiene que tener factura y seriedad. Si la que se lo pone no se puede mover, o tiene que usar Trombocid por el peso del traje, es su problema, pero las cosas tienen que estar bien hechas.
-Pero tenemos un presente un poco invadido por el frikismo, ¿no?
-Y me encanta. Tengo la firme voluntad de nunca caer en el inmovilismo. Eso es lo que te hace ser antiguo. No me tengo que acostar con una persona de más de cuarenta por tener 55. Si me gusta de 18, y puedo, lo haré igual. Entiendo el miedo de las diseñadoras clásicas, pero la cabeza debe estar abierta.

-¿Quién es el top del diseño flamenco?
-Hombre, no soy del último que llegue por ser el más moderno. No existe un top de la moda flamenca, existe un top de la factura flamenca y para mí hay un antes y un después en mi vida después de ver trabajar a un Pepín Castillo, a un Justo Salao y a una Lina. El resto, gente maravillosa, gente que se quedó en el camino como Castaño Claver -unos revolucionarios-, Juana, Vicky Martín Berrocal… Pero los pilares son las buenas facturas. También te digo que no existiría llevar la lentejuela a la Feria sin que Victorio y Lucchino, en los 80, le hubieran dado la vuelta a este sistema.
La moda es la única profesión donde el éxito no te lo garantizan cuatro años de carrera. Está en la cabeza, es una varita con la que Dios te ha tocado y que se llama gusto. Con eso te paren y para eso, no te educan. El olor a cateto se nota y el olor a oportunista, también”
-Muchos critican, ya que la has mencionado, a Vicky o a Lourdes Montes por ser famosas con el capricho de diseñar…
-¿Y? Yo tengo un diseñador dentro y no lo voy a esconder porque no me da la gana. Es la única profesión donde el éxito no te lo garantizan cuatro años de carrera. Está en la cabeza, es una varita con la que Dios te ha tocado y que se llama gusto. Con eso te paren y para eso, no te educan. El olor a cateto se nota y el olor a oportunista, también. No soy quién para juzgar la carrera profesional de ningún popular porque, si Pedro González tuviera dinero, montaría una firma y haría, entre otras, moda flamenca. Tendría una patronista. porque no soporto las matemáticas, y las mejores costureras, porque no puedo perder el tiempo en coser, pero mi mente es mi mente y ahí no llega nadie.
