Hay personas con las que todo es fácil y personas con las que todo es complejo. No sé por qué pero es así. Supongo que sucede a imagen y semejanza de la Naturaleza en la que lo mismo hay ríos que fluyen directos hacia el mar que otros que van haciendo recovecos en laderas y montañas hasta que, o se pierden, o llegan a su destino.
Yo, como todos entiendo, a nivel emocional he conocido de las dos clases de gente. He tenido cerca esos que por todo se molestan, que de todo sacan una interpretación equivocada, que cada día te dan una opinión distinta sobre la misma cuestión (pensando que son los más coherentes del mundo porque ni huelen sus incongruencias)… Pero también el destino me ha traído esos otros que todo lo facilitan y con los que hay entendimiento desde el principio, logrando que cada día sea como una pequeña fiesta para el corazón.
Claro que lo bueno no se puede valorar mientras no se pasa por lo malo (y viceversa, por supuesto). Por eso, ahora que no tengo que pedir perdón por llamarle “amor”, sé que lo complejo merece la pena siempre y cuando te hagan llevadero el camino. Si no, como Mar Flores y Javier Merino, lo mejor es tomar cada uno su propia dirección. Una relación que empezó y ha terminado con la base de la amistad pero en la que, las discusiones entre estos ambos, ha pasado factura. Bastante difícil es la vida por sí sola como para añadirle malos ratos innecesarios, ¿no?