Raquel Revuelta ha cumplido años esta semana. El jueves, en concreto. Y por ello quisieron sorprenderla con una “fiesta sorpresa” que en la modelo solo pudo provocar lágrimas por lo inesperado del encuentro. Ella, inocente ante todo lo que se le venía encima, acudió al que, en principio, era un almuerzo con sus padres y algunos familiares y miembros de su círculo más cercano. Sin esperarlo, una venda en los ojos le ausentó de lo que sucedía alrededor para ser conducida a un punto de la preciosa casa en la que se encontraba donde le aguardaban sus amigos más queridos para agasajarla con el correspondiente “Cumpleaños feliz” y, lo más importante, con un cariño incondicional que le profesan desde, la mayoría, mucho tiempo atrás.
Allí estaban “los” Cerrato (Paco, Pili y el marido de éste, José Manuel), Jorge, su hermana y su cuñado, Charo “prima” y su esposo, Silvia Peris, Charo “copla”, “los anticuarios”… Y, cómo no, no podía faltar su hija Claudia y “su” Tato, compañero sentimental y uno de los artífices de tan cita inolvidable. Raquel lo merece. Por su capacidad de reinventarse y de luchar contra viento y marea en lo profesional y en lo personal. Por ser una superviviente de muchos naufragios y por defender, como buena cáncer que es, a los suyos.
Me gusta “la” Revuelta. Siempre me gustó. Desde la primera entrevista que me concedió, en la estación de Santa Justa, siendo ella ya muy popular y yo un incipiente periodista en prácticas. Fue el día en el que descubrí que hay personas que llegan a tu vida para quedarse…