A los 70 años uno pasa casi de todo. O debe. Porque ha vivido tanto, ha tenido tantas experiencias, ha visto tantas cosas que… ¡qué más da! Envidio la serenidad y la sabiduría que da el paso del tiempo y, la verdad, no me asusta la vejez (más miedo me da no haber sabido aprovechar las oportunidades que se te van presentando o ir dando tumbos sin rumbo alguno). Por eso me encanta observar a mi querido amigo Eduardo Altolaguirre, médico cordobés afincado en Sevilla que ha sabido inyectar juventud a su jubilación, disfrutando cada minuto sin cuestionarse el mañana. Igual que Raphael, “niño” de 72 primaveras que el viernes volvió a la cartelera de los cines con “Mi gran noche” y, de nuevo, volvió a triunfar.
Porque la carrera de este hombre es un cúmulo de éxitos que, uno tras otro, le han permitido mantenerse sobre los escenarios por más de cinco décadas (¡madre mía!), convenciendo desde las abuelas a los niños, desde los pijos a los roqueros. Valiente en sus declaraciones, el intérprete acaba de conceder una entrevista a “Vanity Fair” en la que aborda, sin rodeos, los rumores de homosexualidad que le acompañan desde que comenzó a ser popular. “Me han pasado de largo”, reconoce el artista al respecto dejando claro que, hoy más que nunca, nada de eso le importa.
Los secretos de alcoba de cada uno debieran ser precisamente eso, secretos, porque, aquí como en todo lo referente a la moral, seguro que el que acusa tiene más que esconder que el acusado. Y yo, que me identifico cien por cien con Raphael, me sumo al mismo canto: “¡Qué le importa a nadie!”.