El cantante lanzó a principios de año “Huesos de Punta”, un álbum donde se puede palpar su experiencia y madurez artística adquirida en todos estos años
-Siempre ha ido con su guitarra a cuestas… ¿Alguna vez le ha pesado el camino del artista tanto como para pensar en abandonarla?
-Esto es complicado pero yo considero que te crea un vínculo sentimental tan grande que es muy difícil separarte de ella. Creo que forma un poco parte de tu impronta. Me gusta mucho sembrar para luego recoger los frutos. Soy muy constante y nunca he perdido la fe en lo mío.
-¿Existe algún estilo por el que tenga preferencia?
-Me gusta el “blues”, el funky, el flamenco y la rumba. Cada uno tiene su “punto” y el saber llevar eso a tu terreno para crearte un hueco propio es lo que le da singularidad a lo que tu haces. Nunca me he considerado flamenco porque para eso hay que estar muy preparado. Es un universo aparte repleto de grandes figuras.
-Una de sus melodías se titula “Ya no soy un niño”… ¿Queda algo de aquel que publicó su maqueta de adolescente?
-Ya he superado la barrera de los treinta pero aún soy de los que tienen “pataletas” cuando hay algo injusto o no estoy conforme (risas). A pesar de eso, creo que, gracias a que hago lo que me gusta, aún conservo las ganas y las fuerzas de aquel chico que iba con su guitarra a cuestas.

-Compone usted su repertorio… ¿Qué necesita para inspirarse?
-La inspiración es algo muy especial para mi. En cierto modo me considero un aprendiz de cantautor. No me gusta sentirme obligado a estar triste o alegre para crear. Me gusta hacerlo con mi guitarra y solo, partiendo de mis vivencias o de algo que le puede haber pasado a un amigo.
-¿Hay diferencia entre el Raúl Pulido en directo y el que escuchamos en el disco?
-Por supuesto. Son situaciones distintas. En el directo, ya sea con la banda o en formato acústico, nos gusta crear nuestro propio ambiente, generar un buen espectáculo y que la gente viva con pasión nuestros conciertos.
-Con Antonio Orozco tiene usted una relación intensa desde que lo acompañó en una de sus giras…
-Fue una experiencia muy buena, intensa y grata. Ir de telonero de Antonio me sirvió para aprender mucho sobre cómo desarrollar mi espectáculo sobre el escenario ante miles de personas. Orozco, por ejemplo, me enseñó a explicar los motivos que me llevan a cantar los temas que interpreto, a abrir mi corazón sin problemas ante la gente.
-¿Dónde se siente más cómodo: actuando en grandes teatros o en salas pequeñas?
-Realmente, por un lado, me genera un respeto similar y, por otro, me provoca unas inmensas ganas por ponerme delante de mi público y que disfrute de un buen concierto. Soy tímido y el hecho de subir a un escenario es una prueba a la que me someto diariamente. Es para que los demás lo disfruten y mi respeto por lo que hago es total, por lo que nunca me verás actuar de forma distinta según sea para quien toques.
-Tuvo un paso muy fugaz por la segunda edición de “La Voz” que ganó David Barrull… ¿Cómo lo valora?
-Creo que no se puede tirar tu trayectoria a la basura por un minuto y veinte segundos en televisión. Mezclar televisión con música es peligroso.