Si bien tuvieron una época gloriosa durante los años ochenta sobre todo, las sevillanas hace bastante que, como género, se encuentran un poco denostadas desde la propia industria discográfica, en gran medida, aunque también por parte de algunos colectivos que incluso han llegado casi a considerar que, quienes las cantan, son aquellos que no tienen facultades para poderse dedicar a otra cosa. Sería lo mismo que sucede en el cine, por ejemplo, cuando son los grandes dramas los que llaman la atención de la crítica y el público frente a las comedias o, barriendo para casa, lo que pasa en el mundo del periodismo al creer quienes se dedican a la información política o económica que su estatus es superior que el de los que pertenecemos al sector social… Claro que, en este sentido, cabría preguntarnos… ¿es más valioso lo selecto o lo que llega a la gente? Supongo que, como en la mayoría de los casos, depende…
Lo que es indiscutible es que artistas como Pascual González y Cantores de Híspalis han llevado a esta música tan nuestra a lo más alto tanto a nivel de ventas como en lo que a la interpretación se refiere contando en algunos de sus álbumes hasta con la participación de la “Royal Philharmonic Orquestra” de Londres. Esta temporada pasada, sin ir más lejos, estuvieron en la Gran Manzana neoyorquina para hacer a los americanos vibrar con títulos suyos imprescindibles como “A bailar, a bailar” o “Que no nos falte de ná”. Letras que les dejaron de pertenecer para pasar a ser propiedad del pueblo, de esa memoria colectiva que es la que, con el tiempo, determina qué se va… y qué se queda.
Inmersos ya en la cuenta atrás para que se produzca el momento del alumbrado de esta singular Feria de Abril y Mayo -como el famoso amante de la copla-, quería hoy rendir un pequeño homenaje a esos profesionales que dedican su vida a hacernos cantar y bailar y que, aún en tiempos muy duros -especialmente para ellos (por la reducción de gastos y, por tanto, contrataciones de todos los ayuntamientos)-, siguen al pie del cañón luchando por un estilo sin el que, fíjense qué paradojas, ni siquiera el flamenco –pues muchos extranjeros identifican “flamenco” con “sevillanas”-, habría logrado la internacionalización de la que goza en la actualidad.
Nombres clásicos como los de Amigos de Gines, Marismeños, Romeros de la Puebla, Requiebros, Ecos de las Marismas o Las Carlotas unidos a nuevas incorporaciones como Raquel Morey, Paco Candela o El Marchena el cual, todas las Ferias, nos sorprende con un soplo de “aire fresco” a través de sus simpáticas historias.
Igual que cuando uno pasea por la calle y se da cuenta de que existen maravillosos edificios a los que jamás había mirado, o como cuando uno se da cuenta de los tesoros interiores que encerraba y que no había destapado, les invito a redescubrir las sevillanas. Nunca está de más replantearse lo que siempre dimos por sentado aunque, con total franqueza, solo serán los sabios quienes acepten sus errores.