La hija de “la más grande” ratificó ayer la demanda contra su ex marido por delito de malos tratos continuados
Apareció más de veinte minutos antes de la hora prevista y lo hizo solo acompañada por su abogado. Sin bolso, con el pasaporte y el teléfono en el bolsillo del pantalón, Rocío Carrasco –a la que, además, le reclaman deudas por casi un millón de euros la Comunidad de Madrid y Hacienda- llegó a los Juzgados de Violencia de Género de Alcobendas para ratificar la demanda que ha interpuesto contra Antonio David Flores por delito de malos tratos continuados. Al menos así lo considera la hija de Rocío Jurado que, seria, sin maquillar y sin hablar (como suele ser su tónica en estos casos), fue captada por las cámaras de televisión en dichas circunstancias.

Un momento delicado para el que fue un matrimonio feliz (con sus más y sus menos, por supuesto), del que nacieron dos hijos, Rocío y David, los cuales, por decisión propia, prefieren estar con su padre que con su madre. El que fuera guardia civil, según contaba Antonio Rossi ayer en “El programa de Ana Rosa” se encuentra destrozado ya que la demanda será tramitada como violencia de género algo que, indiscutiblemente, afecta al también colaborador de “Mujeres y hombres y viceversa”.
Sobre las doce y media del mediodía, evitando así ser “cazada” por los reporteros, Rocío salió de las dependencias judiciales por la puerta de atrás poniendo así sobre la mesa las cartas de un infernal juego que parece no tener final. Recordemos que la pareja se casó el 31 de marzo de 1996 (hace justo 21 años) en la finca “Yerbabuena” propiedad de su madre y del torero José Ortega Cano. Una unión que terminó en 1999 y que ha dejado una profunda huella en la crónica social de nuestro país ya que, desde entonces, ambos (y personas del entorno) han protagonizado numerosos episodios de dimes y diretes que parecen no terminar nunca.
Falta que Antonio David se manifieste al respecto pues, como sabemos, él no suele tener inconveniente en dejar suculentas declaraciones a la prensa. Frotándonos las patitas estamos…
