La periodista presentará “Gran Hermano Vip: El debate”, en la nueva edición que comienza mañana domingo en Telecinco, mientras continúa la promoción de su tercer libro, “Hablarán de nosotras”
Nada más entrar por la puerta del hotel y saludarme, la imagen que tenía de Sandra Barneda como mujer de áspero carácter se me desmontó por completo, apareciendo ante mí una persona humilde y de cariñoso trato. Cosas de la televisión y de las profesiones que se ejercen cara al público, las cuales se prestan a infinitos prejuicios sobre aquellos que los sufren. Autora de “Hablarán de nosotras”, ensayo donde analiza los pecados capitales de 17 mitos femeninos de la historia como Cleopatra o Marilyn Monroe, la periodista responde con la misma libertad que permite para preguntar. Una buena actitud para conocerla mucho más en profundidad.
-De estos personajes se ha hablado mucho… ¿Se puede aportar algo nuevo?
-Sí. Cuando entras en sus vidas te das cuenta de lo importante que es transgredir los límites tanto sociales como de uno mismo porque al final muchas veces nos convertimos en carceleros (y la mujer mucho más). Por eso juego con el pecado capital, colocando a cada una de las protagonistas en uno y entendiendo pecar como virtud y no como pecado.
-¿Cuál de esos pecados capitales cometes más?
-Pues te diría que estoy en un momento muy lujurioso…
-¿Y el que tendrías que practicar con mayor frecuencia?
-La pereza. Me cuesta mucho. Tendría que dedicarme más a mí, al placer del “dolce far niente” y restarme un poco de intensidad.
-¿Alguna de estas mujeres te ha tocado especialmente el corazón?
-Me entristeció mucho conocer en profundidad a Virginia Woolf. La admiro como escritora y no pensaba que su infierno era tan profundo.
-¿Y alguna que odies?
-No. Las adoro a todas. Me cuesta odiar aunque es un sentimiento que existe y que debemos permitirnos.
-¿De alguna te has enamorado?
-Bette Davis me ha sorprendido mucho…
-¿Consideras que has triunfado en la parte emocional?
-Sí. Cuando te dejas querer, y superas los miedos a amar intensamente dure lo que dure, es un triunfo, dure lo que dure. Lo que más merece la pena es amar y ser amado. El resto es entretenerse. Y no hay que buscar la meta sino disfrutar el camino. Mis padres acaban de cumplir 50 años de casados y no sé si será lo mío. Lo mismo mi vida amorosa estará llena de capítulos pero no me sentiré fracasada sino todo lo contrario.
-¿Eres una persona de emociones a flor de piel?
-Sí, sí. Lo que pasa es que cada uno tiene un parapeto y mi zona de confort sería la aparente seriedad. Escondo una fragilidad y una sensibilidad que me han hecho sufrir más de la cuenta.

-Fíjate que yo pensaba todo lo contrario…
-La voz y la presencia tapan mucho pero, si te fijas, cada vez me delato más en momentos donde te defines. Aunque tengo carácter me emocionan muchas cosas y hay quien, haciendo directo, se ha sorprendido con esto. La sensibilidad puede atormentarte pero también darte una paleta más amplia de colores desde la que contemplar la realidad.
-¿Qué te da la escritura que no te den otros medios?
-La posibilidad de estar un poco más conmigo. La parte más íntima a pesar de que me dé cierto pudor. Por eso tardé tanto en publicar mi primera novela. Al final muestras más tu mundo. La televisión es para fuera y la escritura implica silencio. He sido una niña y una adolescente a la que le ha costado aterrizar en la vida. Era de las que en un bar, mientras esperaba, cogía una servilleta y me ponía a hacer anotaciones o de las que tenía un diario no al uso sino con mucha intensidad.
-Para estar en la “tele” hay que ser un poco exhibicionista, ¿no?
-Estoy aprendiendo cuál es mi punto de exhibicionismo porque a la vez soy muy reservada. En este sentido, la televisión me ha ayudado a liberarme.

-De hecho has contado cuestiones de tu vida…
-De mi vida, no. Si te refieres a mi orientación sexual, sí pero ya lo habían sacado otros medios. Nunca me he inventado un novio, aunque respeto eso y haya que ser muy precavido y entender las decisiones de cada uno, y pensé que si me significaba como amante de los animales, y defensora de las minorías y de la justicia, tenía que hacerlo también como lo que soy: homosexual.
-¿Cómo llevas haber pasado de profesional a personaje y ocupar portadas en revistas del corazón?
-No puedes controlar lo que dicen de ti (solo lo que dicen delante de ti) y por tanto solo puedes asumirlo. Estoy en que el cabreo dure lo menos posible. No es que no me importe pero sí quiero quitarle importancia porque el día que me deje de importar estaré perdida. En 2009 me publicaron que me había casado con una mujer y mi propia madre no se creía que eso no era cierto. Esa impotencia la vas asumiendo y eres consciente de que tu cara pública se construye entre todos y tú no eres dueña absoluta de ella.
-¿Entiendes que haya quien piense que los periodistas somos lo peor?
-Es que nosotros mismos hemos fomentado eso. Yo creo que es una profesión maravillosa, muy castigada, muy vocacional, donde se vive mal, con gente estupenda y que tiene como misión informar y también entretener. La “telebasura” me parece un término horrible que seguramente inventaron algunos que tenían envidia del éxito de otros programas pero ahí está el poder del mando.
-¿Y los 40 cómo los llevas?
-Ya he pasado la crisis y me encuentro mejor porque la verdad es que golpea. Estoy en los 41. Abandoné el punto de que la vida no es como me lo habían contado pero tampoco como me la había contado yo. He ganado liviandad y me he quitado mochilas. No le das tanta importancia ni a ti, ni a los demás, ni al mundo ni gastas saliva en explicar según qué cosas.
