La única forma de fundir el hielo que cubre un corazón congelado es el cariño. No existe otra. Cuidar a una persona, demostrarle tus buenas intenciones hacia ella, hacerle agradable la vida provoca que, después del invierno, la primavera –que en este caso no va asociada a ninguna edad concreta- aparezca para dar paso a un soleado verano donde los rayos del sol vuelven a hacer palpitar con fuerza el amor.
Y así, Raquel Revuelta, tras la separación de su marido –y el noviazgo con el fallecido Álvaro Bultó-, se tropezó en su camino con “El tato”, torero junto al que inició una relación al principio mucho más tímida –de hecho, recordarán que no querían ni siquiera posar juntos- hasta que, con el tiempo, se ha consolidado gracias, en gran medida, a la perseverancia de él y a cómo, con su actitud, ha ido ganando la confianza de la modelo. Juntos están pasando su primer fin de semana en la nieve invitados por la relaciones públicas Silvia Peris en Sierra Nevada donde, los gestos cómplices entre ambos, son tan manifiestos que, la verdad, tengo que reconocer que, aún alegrándome por ellos, me dan hasta un poco de envidia sana.
La sevillana, que desde siempre ha sido una persona muy deportista, no ha dejado pasar la oportunidad de esquiar (algo que el maestro ha preferido declinar) y de disfrutar, en eso sí los dos a una, de la fiesta “Flower power” que la mencionada Silvia ha organizado en su terraza Cicqlot Nevada por la que, en los tres años que lleva gestionándola, ha hecho pasar a famosos tan populares como Carmen Lomana, Antonia Dell´Atte, Norma Duval o hasta el mismísimo príncipe Felipe que, de sorpresa, se presentó en una ocasión (y repitió encantado con la comida del restaurante). Una meritoria labor con la que se está consiguiendo devolver a la estación el “glamour” de la época en la que era la Marbella de las montañas.
Lo que sí me ha dado pena es que no haya podido acercarse Pastora Soler y su marido, Francis –que sí tienen intención de venir pronto-, o Carlos Baute el cual, a caballo entre América y España, no para profesionalmente. Pero bueno, tan solo la imagen de las montañas blancas, impolutas, es un placer que merece la pena y, si a ello le añadimos una buena compañía, el plan no puede ser más redondo. En realidad, ahora que se llevan tantísimo los libros de autoayuda y teorizar sobre la felicidad, para estar bien tampoco hace falta mucho. Simplemente se trata de bajar el nivel de esas falsas exigencias que nos autoimponemos y de ser capaces de descubrir aquello que se esconde bajo las armaduras con las que solemos cubrir nuestra esencia.
Raquel le dio una oportunidad a Raúl y, visto lo visto, no le ha salido nada mal. Las semillas que, aún debajo de la nieve, luchan por salir han florecido en este mes de abril donde, por fin, el frío empieza a ser tan solo un recuerdo.