Lo dice la Reina Juana por boca de Concha Velasco: “Sentir no es un pecado”. Y lo dice estos días en el Lope de Vega, donde ha estrenado su nueva función para toda España, y lo dirá seguro durante mucho tiempo porque Concha tiene entre manos el que, sin duda, va a ser uno de los papeles por el que más se le va a recordar. La esposa de Felipe El Hermoso, la hija de los Reyes Católicos, fue encerrada en Tordesillas durante 46 años por haber amado hasta la médula a su marido y, sobre todo, por no haber podido aceptar las infidelidades que éste cometió una y otra vez a sus espaldas.
Pero, cuando tú quieres de verdad a alguien, cuando lo deseas, cuando has encontrado a quien despierta tu pasión y llena tu alma, es lógico que no te apetezca compartirlo con nadie más y que, si esto pasa, nazcan en ti sentimientos extremos que hay quien, aprovechando para echarte tierra encima (eso que tanto nos encanta hacer), los considera más propios de una “loca” o un “loco” que de un corazón herido.
Sin embargo, hagamos el ejercicio de ponernos en la piel de una mujer enamorada que, aunque se lo nieguen, sabe -porque no existe otra arma más poderosa que la intuición-, que su “media naranja” le engaña una y otra vez y que, en esas aventuras, podría él encontrar otros brazos que le lleven a abandonar los tuyos. ¿No perderían la cabeza igual? Y, más allá, siendo los celos un sentimiento… ¿Hemos cometido algún pecado al experimentarlos?