La verdad es que, cuando se cumplen algunos años, uno deja de estar para ciertos menesteres y, a nivel sentimental, mucho más. Y es que, cuando has ido dejando el corazón por ahí en manos que no han sabido cuidarlo, cuando te has entregado más de lo que, muchas veces, merecían, cuando te das cuenta de que, quien más vale, eres tú, empiezas a pensar de manera distinta. Al final, es eso que dicen en relación al karma de que, si no aprendes las lecciones de la vida, estás condenado continuamente a repetir lo mismo (siendo determinadas cosas poco agradables de repetir).
Miguel Bosé lo cantaba en su último disco: “Libre ya de amores, libre de temores…” y Eugenia Martínez de Irujo parece haber tomado buena nota de la historia pues, según la escuchaba el otro día, ha decidido que lo de las relaciones estará bien para otros pero que, donde se pongan unos cuantos amantes con los que pasarlo bien -sin intención de profundizar en nada más-, no se pone uno (o una) que aparezca para quebrarte la cabeza con problemas, preocupaciones, neuras, traumas, complejos de Edipo (y otros), ex, etcétera, etcétera…
Yo, más joven que Miguel y que Eugenia, he llegado pronto a la misma conclusión que ellos (y que otros muchos). Prefiero calidad breve que cantidad de tiempo con tal de decir: “Envejecimos juntos”. Hay precios demasiado altos y que pasan por hacer demasiadas concesiones con lo que, puertas cerradas al dolor, ventanas abiertas a soplos frescos de amor.