El Salón Internacional de la Moda Flamenca inauguró ayer su nueva andadura en el Auditorio FIBES con amplitud de espacios, una fabulosa puesta en escena y estupendas y novedosas propuestas sobre la pasarela
Que todo el mundo estaba nervioso, era evidente. Estaban nerviosos los diseñadores, las modelos, el equipo de peluquería y maquillaje, las vestidoras, los azafatos… La responsabilidad era mucha y el salto, de gigante. Cierto que cualquier cambio, por pequeño que sea, intranquiliza pero si hay en juego tantos intereses, económicos y emocionales, a partes iguales, mucho más. SIMOF cambiaba ayer de ubicación (del antiguo al nuevo edificio FIBES) y todas las miradas –y, más aún, muchas lenguas afiladas-, apuntaban en dirección a su máxima responsable, Raquel Revuelta.
Sin embargo, en cuanto empezó a sonar la música –y se abrió la enorme pantalla trasera para dar paso a las primeras creaciones de Lina, firma encargada de inaugurar esta edición-, todo el mundo respiró tranquilo. Con el público distribuido entre las gradas sobre el escenario y las butacas de la platea, el espacio resplandeció al aparecer la bella Desiré Cordero, primera “top” invitada del Salón, con paso decidido hacia el éxito. Y es que inaugurar con la mencionada Lina era apostar sobre seguro. Buena confección, factura impecable, trajes de toda la vida para ir a la Feria pero bajo una óptica más actual. Grandes lunares, mangas con tiras de encajes, estampados multicolores con flores muy Cavalli. Elegancia mezclada con comodidad a partes iguales.
En otro extremo, la firma Aldebarán apostó por la delicadeza de tejidos con suaves caídas muy “hippies” y originalísimos complementos que conformaron perfectos “looks” tal vez más rocieros que feriantes. Sea como sea, lo suyo fue un derroche de buen gusto y sensibilidad para un concepto donde tuvo especial protagonismo el tejido vaquero y en el que se cambiaron los tacones por sandalias planas. Cercano en filosofía alternativa pero con sello propio, Sergio Vidal –que esta temporada ha vuelto con mucha fuerza-, recogió infinidad de aplausos desplegando un abanico dentro del que “más era más”. Maxicomplementos, maxilunares, maxivolantes. Como nota destacada, la pieza final, negra con pedrería, en la que, lo que parecía una especie de capa negra para cubrir el cuerpo, se transformó, al quitarse el cinturón que la cerraba, en un espectacular y “glamouroso” vestido de noche.
A continuación, Alejandro Santizo se atrevió con una mujer que, sin abandonar el clasicismo, daba un sutil paso hacia adelante con tonos que fueron del verde manzana al malva. Por su parte, Luis Fernández tituló “Carmen” a un repaso de diferentes décadas, de los 50 a los 80, en torno al rojo como hilo conductor y con pedrería como punto de luz para llamar la atención algo que, dadas las características del recinto (un auditorio), no es demasiado difícil si los desfilantes dan rienda suelta a su imaginación. Eso mismo que hizo Pilar Vera durante un pase que tuvo como imágenes de fondo un universo costumbrista del siglo XIX que también se plasmó, gracias a los grabados sobre sus telas en unos vestidos introducidos por un grupo de danzarinas y la música de Las Migas. Derroche el de esta profesional para la que faltan palabras que puedan describir la paleta de sus patrones, limpios y frescos pero también sensuales.
Ya en la recta final, Ángeles Copete homenajeó al cante jondo con escotes en uve y barco, espaldas altas y pedrería de alta costura para rojos, negros y buganvillas y Álex de la Huerta se convirtió en un soplo de aire fresco con sus flúor, futuristas y juveniles, que no dejaron a nadie indiferente. Sin volantes en las mangas y hasta con aberturas que desnudaban todo el costado de la silueta femenina, este profesional de Dos Hermanas su tercera vez en SIMOF proponiendo cortes minimalistas para una mujer atrevida, tenga la edad que tenga. ¡Fantástico!
Muy colorista, Patricia Bazarot se inspiró en Cuba para proponer una línea que reflejaba a la perfección la vitalidad de la isla caribeña con turbantes y motivos florales, espaldas al aire en volantes de capa y algún canastero. Faldas cortas (que parecen, como también pasó con Vera, haber vuelto puntualmente) y escotes a la caja y en pico los de esta creadora poseedora de una pulcritud y limpieza de líneas única. Por último, Pedró Béjar, un “enfant terrible” del universo flamenco presentó monos con volantes en las mangas, muchísimo vuelo en sus faldas, espaldas con escotes cuadrados y dos piezas con camisetas. Savia nueva que dio un “subidón” para la despedida de la jornada del jueves con mensajes como los de los colgantes de Béjar con el sevillanito “miarma”. Un guiño al humor que, con los jóvenes talentos, siempre están garantizado. Al fin y al cabo, la vida, con un olé y una sonrisa, es mejor vida.




