Hoy, a “la” Pantoja le “caen” nada más y nada menos que 58 “castañas”. Un día que se presupone feliz, por el hecho de poder contarlo, pero que, cuando hablamos de quien estamos hablando, a mí siempre hace plantearme hasta qué punto la cantante, sobre todo en estos últimos tiempos, tendrá ganas, o no, de celebrarlo. Porque, analizando su biografía no podemos decir que lo suyo, y sobran las explicaciones, haya sido un camino “de rosas”: orígenes humildes, viudez joven, amores fracasados, ingreso en prisión, problemas con la justicia, traiciones en su círculo de amigos, sufrimientos a cuenta de dos hijos rebeldes… Vamos que, a pesar de que ella se empeñe en considerar que su cumpleaños es una fecha para estar alegre, le sobran razones para lo contrario.
Por mi parte, en mi experiencia con la artista no puedo poner ni un “pero” puesto que, desde una entrevista exclusiva concedida en Giralda Televisión coincidiendo con su visita en Madrid a Fitur (cuando promocionaba su restaurante), a varias entrevistas telefónicas mantenidas durante su relación con Julián Muñoz, su trato siempre ha sido cariñoso y cercano. Sin embargo, uno no puede permanecer ajeno a lo que sucede alrededor y, en el fondo, no puedes dejar de preguntarte si será cierto aquello de que, “cuando el río suena”.
Según creo, lo último ha sido que “Sálvame” ha localizado una floristería de San José de la Rinconada (“Tiamo”) donde, parece ser, Alberto Isla encargó un ramo de flores a otra chica (o chicas) las cuales no son “Chabelita” noticia, según me cuentan fuentes muy directas y muy cercanas, tan cierta como que este romance, desde lejos, olía a “chamusquina”. Sin embargo, lo peor ante adolescentes (o personas con actitud adolescente) es intentar hacerles ver lo que no quieren ver (o escuchar lo que no quieren escuchar) con lo que, para no predicar en el desierto, a estrellarse cada cual con su farola y aquí paz, y después gloria.
Por cierto, hablando de “glorias”, “conciertazo” ofrecido por Alejandro Fernández el jueves por la noche en el Estadio Olímpico de Sevilla, donde el mexicano (quien ha pasado con sus hijos unas mini “vacaciones” de incógnito en la ciudad) presentó una de las mejores puestas en escena que se recuerdan en la zona. Allí, entre el sonido pop y los mariachis, pude comprobar en directo que, cuando uno alcanza el nivel y el nombre de este hombre, es por algo pues, aparte de su estupenda voz, el arrope resultó tan genial que las más de dos horas de espectáculo supieron a poco. Desde “Tantita pena” a éxitos que lo fueron de su padre, Vicente Fernández, el espacio se inundó de maravillosas melodías envueltas en una excepcional iluminación que solo incitaba a soñar.
Al final, ¿qué hay mejor que eso? Disfrutar de instantes felices como estos últimos que refiero los cuales, guardados ya en el archivo de nuestra memoria, ahí permanecerán intactos para siempre. Lo malo, mejor sería ni mencionarlo.