La actriz, feliz siempre de regresar a Sevilla, representa, desde mañana y hasta el sábado, la función “Buena gente” en el teatro Lope de Vega
Estrenó hace un año y medio en Madrid y tiene previsto aún continuar unos cuantos meses con las representaciones de “Buena gente”, función con la que, de nuevo, Verónica Forqué ha conquistado el corazón del público a través de una historia sencilla pero profunda con la que cualquiera puede sentirse identificado. Amante de Sevilla, y de Andalucía en general, la que es una de las actrices más queridas de nuestro país, afronta su momento actual como ha intentado hacer, en general, en cada instante de su vida, con serenidad y esa sonrisa de persona agradecida y siempre ilusionada.
-¿Qué significa para usted eso de ser “buena gente”?
-Para mí es lo más importante. Comportarte de forma solidaria, compasiva, tener paciencia… A veces, sin querer, uno hace sufrir al tomar decisiones que no convienen a otra persona pero hay que actuar tratando de no hacer daño a nadie.
-Porque, el ser humano… ¿Es bueno o malo por naturaleza?
-Yo creo que tiende a la bondad y a la luz aunque algunos nacen con circunstancias difíciles. Margarita, mi personaje en esta obra, habla mucho de la suerte. Hay quienes lo tienen más difícil, quienes vienen a este mundo sin amor, con problemas económicos… Les tocan las peores cartas. Sin embargo, como Margarita, no hay que tirar la toalla.
-Al final, ¿se pone todo en su sitio?
-O no. La vida es muy rara. Es incomprensible. Lo que nos pasa nos parece injusto, como la muerte de alguien querido o la enfermedad. Luego hay otros sucesos más sencillos ante los que sí podemos entender más. ¿Por qué nadie nos quiere? ¿Qué parte de responsabilidad llevamos en eso? Sea como sea, mientras estemos aquí hay que tener paz y alegría.
-Porque de no aprender nos vemos obligados, según la filosofía oriental y eso del karma, a repetir lo mismo hasta que aprendamos… ¿no?
-Eso dicen. Yo no soy de ninguna religión concreta. Sigo a los grandes maestros como Buda o Jesús, seres iluminados que vienen a recordarnos el camino. Optamos por el éxito como sendero y nos apartamos con facilidad de lo auténtico. Para mí, lo espiritual es primordial.
-Mucho. Me considero muy afortunada y agradecida al universo por poder ser actriz y tener proyectos como éste mío actual. Es un texto con amargura pero también con sentido del humor, como la vida misma. Con los años, cuando te falta gente, te das cuenta de cómo de relativo es todo. Estamos demasiados pendientes del ego, de lo externo, de si lo haré bien o mal, de si gustaré o no… No sabemos perdonar y nos comportamos como niños. Eso se acentúa en los actores que no tenemos, como los más pequeños, miedo al ridículo. Nos encanta jugar, somos vanidosos, queremos ser el centro de atención pero también hay que saber disfrutar del escenario.
-Ya que lo refiere, ¿qué tal se lleva Verónica Forqué con su ego?
-(Risas) Una vez le pregunté a Julieta Serrano sobre eso y me dijo que ella lo tenía metido en lejía. Yo hago lo mismo. Lo meto en lejía todo lo que puedo.
-Venir a Sevilla le pone especialmente contenta…
-¡Es que hay que ser andaluz! Eso era muy de mi padre que, fíjate, era de Zaragoza. A mí me apasiona esta tierra aunque la última vez que vine fue con “Así es, así fue” de mi querido Andrea D´Ororico, que falleció en esta ciudad a la que también adoraba. Lo incineramos en un cementerio lleno de naranjos… A pesar de eso me reconforta estar aquí y en este teatro Lope de Vega que tanto amo…
