Esta semana he vuelto a la “tele”. Gracias a El Correo Televisión, y a su director, Oscar Gómez, he tenido la oportunidad de regresar al que considero mi medio natural dentro de esta profesión. Y ahí han estado personas que me hacen feliz. Como Paco Cerrato, Silvia Peris o Laura Gallego. Y otras con las que siempre es un placer el reencuentro. Como Mario Vaquerizo, Raquel Bollo, María José Santiago, Charo Reina, las chicas de Soles… O diseñadores como María José Blay, Javier García o Yolanda Rivas. O compañeros de tantas “batallas” como Jorge Jiménez, Valentín Lobo y Cristina Hache. O nuevos talentos como Chantal de la Cruz y Rafa Reyes.
Es imposible mencionar a todos los que me han hecho sentir tan protegido, tan querido. Porque, aunque no lo crean –al menos en mi caso-, la televisión no es una plataforma para ninguna intención exhibicionista, ni para cubrir ninguna deuda de vanidad pendiente, ni para que la gente me vaya parando cuando se cruza conmigo. Para mí, la televisión es una forma de comunicarme, de contar, de manera distinta a como se hace por escrito, todo lo que, un periodista con mis muchas inquietudes, anhela compartir.
Dentro de la “caja tonta” no “vivimos” muñecos huecos sino personas, en general, de buen corazón. Seres humanos que, cuando el público nos sonríe, damos por recompensado nuestro duro trabajo. Es un privilegio y el mayor de los regalos hacer eso que siempre uno quiso hacer y yo, lo tengo. Un pequeño milagro que, aunque sea por un instante, convierte a la vida en algo maravilloso.