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CULTURA,

Daniel Blanco Parra: “La familia es una institución en la que aprendemos a amar, pero también a odiar”

22 octubre, 2020

El autor sevillano presenta “Como era en un principio”, con la que quedó finalista en los Premios Ateneo de novela, dentro de una trayectoria llena de éxitos en publicaciones para niños y adultos. Un texto que viene a poner en jaque la tan intocable institución de la familia.

Por Ricardo Castillejo

1987. El marido de Adela le regala un reloj de oro y diamantes que, en unos meses, desaparece. 2019. Adela ve cómo, a punto de jubilarse, el perdido reloj de antaño regresa, de pronto, en un sobre sin remitente. Éste es el punto de partida de un argumento que gira en torno a una familia llena, como todas las familias, de secretos, silencios y frustraciones que podrían llevarnos a preguntarnos si esta institución debería ser tan intocable como es, o bien tendríamos que cuestionarla mucho más. El periodista Daniel Blanco Parra -que dejó atrás hace tiempo su labor informadora para vivir de la literatura-, provoca este debate, y otros más, en su nueva novela, “Como era en un principio”, basada en una experiencia personal de la tía del autor.

-De alguna forma, tu libro viene a desmitificar la familia, ¿no?

-Sí. Nos han vendido continuamente cómo es la familia perfecta. El padre perfecto, el hijo perfecto, el hermano perfecto… Sin embargo, nunca se termina llegando a eso, con lo que la familia termina convertida en una fuente de frustración y desesperación, que es lo que pretendo reflejar en “Como era en un principio”. La familia puede ser la cura o el alivio para muchas heridas, pero muchas veces es la propia herida. En la familia normalizamos afectos y desafectos que no son normales, dando por hecho que, sus integrantes -o nuestros amigos también-, nos van a tratar desde el amor -cosa que no siempre pasa-, y validando relaciones que pueden ser dañinas o perjudiciales. La familia es una institución en la que aprendemos a amar, pero también a odiar.


“Se tiene la creencia -posiblemente como herencia de la posguerra o la transición-, que, si no se habla algo, parece que no ha pasado. Nosotros somos hijos y nietos de esa generación y, por tanto, hijos y nietos del silencio”


-Ocultamos demasiado, ¿verdad?

-De hecho, muchas familias están construidas sobre silencios. Se tiene la creencia -posiblemente como herencia de la posguerra o la transición-, que, si no se habla algo, parece que no ha pasado. Tras la guerra, con un techo y comida la gente tenía que darse por satisfecha, con lo que de ahí viene una generación que no está acostumbrada a exteriorizar las emociones. Nosotros somos hijos y nietos de esa generación y, por tanto, hijos y nietos del silencio. El título de esta novela es una declaración de intenciones ya que, para entender lo que somos, tenemos que conocer de dónde venimos. 



-¿De qué forma podemos protegernos de esa invasión negativa de la familia?

-Es necesaria y la base de la sociedad, pues ahí se adquieren la mayoría de los valores, pero hay que aprender a contemplarla con ojo crítico. No todo lo que viene de ella es positivo ni hay que soportarlo sin ponerlo en duda. Hay madres que no son cariñosas y no se comportan como madres e hijos que quieren irse de ese ámbito y no pasa nada. La familia termina convirtiéndose en una trampa.

-Has conseguido el sueño de muchos: vivir de la literatura… ¿Cómo lo has hecho?

-Con la perspectiva del tiempo puedo dar ciertas claves… Como sabes estuve en la plantilla de El Correo de Andalucía durante una década y decidí dejarlo porque me daba miedo llegar a los ochenta sin haber intentado lo que de veras quería. Así, es esencial la constancia, por un lado, y, por otro, saber que un escritor siempre escribe para que los demás lo lean. Además, debes saber cómo es tu público lector y tomarle el pulso a lo que te rodea, conociendo qué interesa y qué no. Solo eres escritor si tienes lectores. Y, por último, tener en cuenta que la literatura es más amplia de lo que parece. Yo he ganado premios de novela y teatro, pero también he dado infinidad de conferencias relacionadas con este campo. He llegado en un año a dar clases de fomento de lectura en cien institutos, llegando con mi testimonio a más de 40.000 alumnos. 

-Inexplicablemente los libros resisten a todas las últimas crisis… ¿Por qué?

-El mercado editorial nos está dando muchas sorpresas. Hace diez años vaticinaron el final del libro impreso y, ni el e-book, ni nada, han conseguido desbancarlo. Se lee con los ojos, pero también con el tacto o hasta el peso. En este mundo tan vertiginoso, la lectura está arraigada al ritual de leer, siendo ese instante que se reserva para uno mismo, reivindicando tu silencio. 


“Con esta invasión de las redes sociales, el periodismo busca más el clic o lo llamativo que ser honesto, justo y veraz. Se enfrenta al mayor reto de su historia, con el intrusismo y el afán por lograr seguimiento a través de titulares falsos, incompletos o tendenciosos”


-Eres un autor poco “sevillanito”…

-Bueno, yo soy de un pueblo de Huelva, aunque resido en Sevilla. Sí que es verdad que, quienes me leen, en mi escritura reconocen bastante del Sur, con esa forma de relacionarnos tan cercana. Ese es un tesoro que tenemos aquí y que termina reflejándose en mis textos, a pesar de que, a mí, lo que me interesan son las relaciones humanas, cómo nos despertamos, cómo nos tratamos… nuestra naturaleza y nuestra esencia, al fin y al cabo. 

-Has sido finalista de los Premios Ateneo, vives, como decíamos, de esto… ¡No echarás de menos la información!

-(Risas) Lo de los Premios Ateneo era casi un desafío, pero, la verdad, no echo de menos trabajar en periodismo. Sí que añoro trabajar en grupo -porque lo mío es bastante solitario-, el pellizco de saber que tienes un tema… Sea como sea, no sería escritor sin haber sido antes periodista, cuando se me entrenó el músculo de la escritura y afronté el miedo al folio en blanco.

-Lo que pasa es que, mientras la literatura se ha acercado a la búsqueda de la verdad, el periodismo parece haberse alejado de ella…

-Así es. Con esta invasión de las redes sociales, el periodismo busca más el clic o lo llamativo que ser honesto, justo y veraz. Se han invertido los papeles y el periodismo se enfrenta al mayor reto de su historia, con el intrusismo y el afán por lograr seguimiento a través de titulares falsos, incompletos o tendenciosos.

Ricardo Castillejo

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