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CULTURA,

Eva Isanta: “Cualquier mujer de mi edad ha tenido alguna sensación extraña con la delgada línea en la que parece que estás siendo intimidada sexualmente”

14 febrero, 2020

Por Ricardo Castillejo

Muy popular por sus papeles televisivos en “Aquí no hay quien viva” y “La que se avecina”, Eva Isanta es una actriz comprometida con una profesión en la que sigue creciendo con proyectos teatrales como “Trigo sucio”, inspirada en la historia del “depredador sexual” Harvey Weinstein a partir del que se ha destapado todo un fenómeno de denuncias, sobre todo en el mundo del espectáculo, por parte de mujeres, y también hombres, que han relatado sus experiencias personales en situaciones de abuso de poder. Un drama que, bajo el prisma del humor, nos lleva a reflexiones con las que todos podemos sentirnos identificados…

-Una función, ésta que traéis al Lope de Vega, que plantea un tema muy de actualidad…

-Sí, tenemos el juicio de Harvey Weinstein abierto y cada día aparece un titular diferente pues no se sabe si va a declarar o se va a coger al derecho a no hacerlo. Más allá, la obra habla, fundamentalmente, del abuso de poder. El protagonista es ese magnate del cine, Harvey Weinstein, interpretado maravillosamente por Nacho Novo y que no tiene nada que envidiar a Malkovich, quien lo está haciendo en Londres. Y bueno, se trata el abuso del poder llevado a todos los extremos: la extorsión, el chantaje, y, en gran parte, el abuso sexual. Él utiliza su posición para conseguir el favor de las actrices, a las que pone en situaciones bastante delicadas, como pasa con el personaje que interpreta Norma Ruiz. Todo esto en clave de comedia, contando cómo se desenvuelve este tipo y cómo hace sus negocios sucios, y siendo yo la cómplice, la secretaria, mano derecha y una mujer que ha vendido su alma al diablo.

-¿Se puede tratar con humor algo tan delicado?

-Eso es lo interesante de esta comedia, que es muy ácida pero no deja de ser una comedia. El humor es un bien común y éste no oculta la tragedia, al contrario, lo que hace es que, a veces, nos permite reflexionar sobre determinados temas, ver nuestros demonios interiores, tomar un punto de vista sobre hechos a nuestro alrededor, pero con cierta distancia, que es la risa. Eso nos permite relajarnos.

“El juego de la seducción es algo que a todos nos gusta, tanto a hombres, como a mujeres, aunque el paso que se ha dado ahora es que un hombre y una mujer saben muy bien cuándo es “sí” y cuándo es “no””

-No puedo dejar de preguntarte si alguna vez has tenido una situación de acoso como la que relatáis en el texto y si la denunciarías…

-Sí. Ya no todas las actrices sino todas las mujeres. O sea, si preguntas a cualquier mujer que tenga mi edad, seguro que en algún momento ha tenido alguna sensación extraña con el abuso de poder y la delgada línea en la que perece que estás siendo, de alguna manera, intimidada sexualmente. Cuando yo era más joven, y bastante inexperta -porque además, como colectivamente esto siempre ha sido así y ha sido permitido por los varones que tenían poder, estaba como socialmente aceptado-, yo me preguntaba: “A ver si estoy dando pie” o, por otro lado, “Lo mismo soy excesivamente mojigata”. Es decir, hay una escala de grises difusos, pero, en mi caso, cuando lo viví, tuve muy claro cuál era mi “no” y, entonces, como mi “no”, es “NO”, supe muy bien poner la barrera a tiempo.

-Además, dentro de un mundo del espectáculo, que socialmente tiene la mala imagen del “todo vale”… ¿Es así desde dentro?

-No. Nosotros jugamos con emociones, es decir, tenemos que hacer escenas de sexo y por ello hay una permisividad y una tolerancia porque es nuestro trabajo, que consiste en encarnar almas e interpretar personajes. Así, debemos tener cierta desinhibición emocional y física, pero eso no quita que se sepan distinguir muy bien cuáles son las líneas de la ficción y cuáles las de la realidad. Además, el juego de la seducción es algo que a todos nos gusta, tanto a hombres, como a mujeres, aunque el paso que se ha dado ahora es que un hombre y una mujer saben muy bien cuándo es “sí” y cuándo es “no”. ¿Qué ocurre? Pues que, ahora tenemos la suerte de que la ley ha evolucionado y nos puede amparar.  

-En tu carrera, has hecho mucha televisión y, en los últimos años, la has combinado con el teatro…¿Es éste un refugio o una “vuelta a casa”?

-Sí, lo has dicho muy bien. Es como volver a la esencia de por qué te dedicas a la interpretación. Aunque en la tele también pasa eso de contar historias desde las vivencias de un personaje, pero es que el teatro es como la base. Cuando decidí ser actriz lo hice porque estaba en un grupo de mi pueblo. Empecé en un escenario y entonces, para mí es como volver a casa, casi una necesidad. Además, como soy una privilegiada de estar en la tele haciendo un rol de comedia -que me encanta-, e intento compaginarlo con otros proyectos que merecen la pena y me llenan de vida.

“Yo, en el fondo, soy una gran tímida, aunque no lo parezca. He tenido que aprender a abrirme y, gracias al ego, he aprendido a desarrollarme. El actor o actriz que te diga que no tiene, miente”

-Tú en la “tele” eres eterna, ¿no? 

-No hay nada eterno. Que va. ¡Calla, calla! (risas) 

-Pero llevas muchísimo sin parar… ¿Qué habéis encontrado la una en la otra?

-He tenido la suerte de tener dos proyectos seguidos con mucho éxito y, a eso le sumas el privilegio de ser la elegida para interpretar a Bea, en Aquí no hay quien vida, y ahora a Maite, en La que se avecina, es por lo que he tenido esa longevidad (a pesar de que no sé hasta dónde llegará porque estamos en una etapa un poco especial). Simplemente, todo es tener la suerte de encontrarte con la gente, con el equipo, con el personaje y con el producto y que eso salte a los hogares y te quieran. Soy muy afortunada y doy las gracias todos los días por tener algo tan bonito, que continúe tan de actualidad y que me siga gustando, porque, aunque haya quien se desmotive, no es mi caso.

-La popularidad te cambia tu realidad, pero, ¿ese precio lo has pagado con gusto?

-Sí. Eso va completamente pegado al trabajo. Para mí es síntoma de salud del personaje. Es decir, si te reconocen por la calle y se quieren hacer una foto contigo, es una señal de que te admiran, una especie de amor. 

-Concha Velasco dice que ella tiene una dualidad porque, si sale a la calle y la reconocen, le da coraje y si no lo hacen, también…

-Sí, eso pasa mucho (risas). A veces estamos en momentos un poco más íntimos, como por ejemplo ir a un restaurante, y se acercan y tienes un trato un poco más especial, pero otras, sin embargo, pienso: “Jo, cuando esto se acabe lo voy a echar de menos”. Por otro lado, Concha Velasco es una señora de tablas, que conoce perfectamente lo que es la fama y sabe que va asociada a la calidad de la profesión y, sobre todo, a la resistencia de demostrar que estás ahí y, en cada función, que mereces estar donde estás.

-Y el ego en todo esto, ¿dónde queda en tu caso?

-Es muy necesario a la hora de subirte a un escenario. Yo, en el fondo, soy una gran tímida, aunque no lo parezca. He tenido que aprender a abrirme y, gracias al ego, he aprendido a desarrollarme. El actor o actriz que te diga que no tiene, miente. Eso sí, no es el ego narcisista, sino el que te impulsa a compartir lo que crees que tienes con los demás.

-Esta función habla de una historia de Hollywood y hace poco se han celebrado los Oscars. Para los intérpretes españoles, triunfar allí, ¿es un sueño que tenéis todos?

-Hombre, Hollywood es como la Meca del Cine, por lo que es como estar en lo más alto, el super objetivo, en general. Cuando piensas que eres un gran actor de cine sueñas con estar ahí, en el “paseo de las estrellas”, y hacer esas películas con tales producciones y con esa dimensión internacional, pero mi ambición, que la tengo, se queda en el día a día. Es decir, que mi trabajo me sirva a mí como ser humano y haga crecer a los demás, que sirva para contar historias y para encaminar el mundo y, si eso supone una dimensión muy grande, fantástico, querrá decir que no me he equivocado de propósito (sin que tenga por qué ser necesariamente Hollywood). Ahora, debe ser un subidón que te pase eso, como es el caso de Penélope Cruz o Javier Bardem.

-¿La “gran pantalla” es una espinita para ti?

-Más que espinita, es algo pendiente. Espero hacer algún día cine y tener la oportunidad de realizar papeles bonitos. En la tele ya lo hago, en el teatro, también, así que, ¿por qué no en el cine? Ver tu cara en una sala de proyección tiene que ser fantástico…

Ricardo Castillejo

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