Conforme pasan los años las cosas que te enamoran de una persona varían ya que, regresando una vez más al siempre sabio Shakespeare, “en la juventud el amor no está en el corazón, sino en la mirada”. Luego, claro está, viene el momento de darte cuenta de que existen valores como la generosidad, la bondad, la lucha por mejorar o una buena conversación que no es que sean más o menos importantes sino que, sobre todo, suponen una inversión a mucho más largo plazo que lo que un primer vistazo del otro nos muestra.
Supongo que ahí radica el secreto de parejas como la que forman Manuel Díaz, “El Cordobés”, y Virginia Troconis, con los que he charlado esta semana y que forman uno de los vínculos más sólidos que, a nivel sentimental, conozco dentro del mundo de las “vanidades”. El torero, de origen como saben muy, muy humilde, es un hombre que siempre va con la sonrisa puesta y al que se le nota que intenta hacer agradable la vida de las personas que tiene cerca (quizás por haber tenido un camino propio no precisamente fácil). Una actitud que no puede sino provocar admiración en una compañera la cual, por otra parte, siempre se deshace en piropos hacia un marido cuidador de ella y de su familia y todo un ejemplo de superación.
Cada uno sabe darle su sitio al contrario y juntos han creado un hogar donde lo que prima es el cariño y el respeto. Dos excelentes cimientos sobre los que construir cualquier edificio.