Mi amiga Pepa es una de mis joyas más importantes, una de las personas que más he querido, quiero y querré por haberme demostrado que, hasta cuando tal vez menos lo merecía, ella siempre ha estado ahí. Lo que pasa es que, como suele suceder con los grandes sentimientos, a veces es necesaria una distancia para saber el verdadero lugar que ocupan en nuestro corazón. Así, después de muchos años de compartir casi cada minuto, el frío se instaló entre nosotros para, cuando tuvo que ser, recuperar después la pasión inteligente que nos unía (y nos une) y volver las aguas a un cauce más sereno del que vuelvo a disfrutar. Y es que te acostumbras tanto a la mirada de quien tienes al lado que, hasta que no la pierdes, no empiezaas a valorar cuánto significaba para ti (algo inevitablemente humano pero que, con sabia rectificación, puede desembocar en el éxito posterior).
Algo similar creo que nos ha pasado a todos con Laura Pausini, la cantante italiana más universal. Ella, que desde el principio de su carrera se ligó a España, ha sido de esos personajes que están ahí, que tienen canciones conocidas pero que, en general, pasan delante nuestra sin despertar demasiado interés. Eso hasta que una noche aparece en un programa de televisión como “La voz” y, voilá, se mete en el bolsillo a un país entero, haciendo sombra bajo su arrollador carisma, nada más y nada menos que a Alejandro Sanz, Malú y Antonio Orozco.
Ya con los ojos abiertos, sabemos mucho más de ella, de su biografía y de un camino del que seguro no volveremos a perder el rastro puesto que un tesoro así de valioso no se encuentra todos los días…