Las Canarias son muy especiales para mí. En Lanzarote, donde viví un año y medio, forjé mi primer amor y allí tuve mi primer trabajo a tiempo completo en un sector, el de la hostelería, al que estuve ligado muchos años. De Tenerife guardo cariñosos recuerdos en torno a un viaje que hice con mis padres y con un matrimonio, Manoli y Juan Fernando, padres de uno de esos hijos que, por buenos, el cielo reclama pronto. Y en Gran Canaria tuve la oportunidad de darme cuenta de que, cuando quienes nos quieren opinan desde fuera determinadas cosas (sobre todo en materia de parejas), sería conveniente aparcar la rebeldía y echar cuentas de pronósticos que terminan cumpliéndose.

Así que imagínense lo emocionante que me resulta regresar a esta última tierra que refiero, invitado esta vez por el Certamen de Moda Cálida el cual, hasta ayer sábado, se celebró contando con la fantástica organización de una empresa como Piazza Comunicación. Tres días repletos de desfiles en los que ha brillado con luz propia una orihunda del lugar como Ariadne Artiles, guapa entre guapas a la que siempre es un placer volver a ver. Eso sin olvidar los biquinis, bañadores y triquinis que han desfilado sobre la pasarela de “Swimwear Fashion Week”, como también se conoce al evento, lucidos por chicas y chicos estupendos que suponen un atractivo más para acudir a tan veraniega cita.
Dejarse querer, hasta en el trabajo, tiene ciertas recompensas que, aunque sea de vez en cuando, se agradecen y yo, en este punto, pretendo mecerme solo al ritmo de las olas que más suavemente me acaricien la piel.
