No hace falta ir al cine para encontrar un buen guión. Miren alrededor, denle un poquito de forma al tema y tendrán una fantástica historia mucho más contundente que la mayoría de las que puedan ofrecerles las películas del “séptimo arte”. Como la de “la amante del difunto” que se ha destapado esta semana y que tiene como protagonistas a José María Ruíz Mateos, en el papel del fallecido, y una tal Marta González, como la “querida” (perdón por el término pero es el que es).
Estando el cuerpo del empresario aún caliente, la valenciana ha destapado una particular “caja de Pandora” contando las intimidades de una relación que mantuvo durante 18 años y que hizo que considerara a su jefe-compañero como el “hombre de su vida”. Nacida en 1973 (él en el 31), Marta presentó en 2012 una querella contra el que fuera dueño de Rumasa que no le sirvió de mucho. Eso sí, según contaba a la revista “Vanitatis”, José María llegó a confesarle, hace dos años, que su “último pensamiento antes de morir”, sería para ella. ¡Vamos! ¡Ni “El paciente inglés!
Un escándalo que se gesta en el seno de una familia del Opus, con una matriarca en torno a la que sus hijos han hecho piña, a la que aún habrá que escuchar su versión de los hechos. Sea como sea, lo cierto es que “el que no corre vuela” y aquí hasta el más “ejemplar” tiene secretos que esconder. Lo cutre es tener que esperar a morirse, cuando uno no se puede defender, para que salgan a la luz.
