La actriz da vida a “Medea”, clásico que estrenó en el Festival de Mérida y que, hasta el domingo, representará en el Lope de Vega
Cuando uno tiene frente a sí a Ana Belén siente una especie de vértigo de saber que va a entrevistar a una de las figuras más importantes de nuestro panorama artístico, además de una de las mujeres más deseadas por varias generaciones de españoles. Elegante, educada, culta, la actriz y cantante –que el 19 de noviembre recibirá en Miami junto a Víctor Manuel el premio Grammy por toda su carrera-, habla en exclusiva para nuestros lectores sobre su papel en “Medea”, historia donde se narran las fatales consecuencias de las pasiones descontroladas.
-¿Todo está justificado por amor?
-No. Lo que pasa es que aquí se mezclan muchas cosas. Medea está enamorada con un amor enfermizo y, además, es traicionada. Ella crea a ese hombre, al mito de Jasón (que es, precisamente, el antihéroe) y se revela contra eso.
-Pero si algo tienen los clásicos es que siguen vigentes con lo que, algo de realidad, habrá en el texto…
-Claro. Es un amor loco pero fíjate alrededor cuántos casos hay de padres que matan a sus hijos. Además, en la función existe un componente político. Una mujer deseada, que se siente sola, no amada, lejos de su tierra…
-Dicen que no se pueden cantar determinadas letras si no se han vivido… ¿En la interpretación ocurre lo mismo?
-Bueno, yo con 17 años no hubiera podido entender la profundidad de este personaje. No necesito ser una asesina o alcohólica para hacer de una pero sí es cierto que todas las emociones las tenemos dentro y algunos tenemos la facilidad de ponerlas al servicio de otros papeles. Los actores somos observadores, trabajamos con la verdad dentro de la mentira.

FES30/06/2015Mérida.- Ana Belén da vida a la Hechicera y vengativa “Medea” obra dirigida por José Carlos Plaza y textos de Vicente Molina Foix, espectáculo que inauguró el 61 Festival de Teatro Clásico de Mérida. Foto : Jero Morales
-¿Y el sexo? ¿Qué lugar ocupa en “Medea”?
-Uno importante. Ella era virgen, estaba consagrada a los dioses hasta que conoció a su marido y éste le trastocó la vida. Desde su adultez reflexiona y no entiende cómo pudo caer así.
-¿Cuál es su opinión sobre la infidelidad?
-Para mí es esencial la fidelidad. Pero en general, no limitándolo a lo sexual ni hablando de una “aventurilla”. Lo que cuenta es el proyecto por el que haya apostado la pareja.
-¿Es cierto que el amor a los hijos es el mayor de todos?
-Es uno de ellos. También está el amor a tu compañero, el de tu familia. El amor es un motor imprescindible.
-Pero, ¿se puede ver con los ojos cuando se ama? (para evitar que se den acontecimientos como en su obra)
-Es que el amor es distinto de una pasión desenfrenada. Las pasiones locas te hacen proceder de una manera en la que no reparas ni en daños colaterales, ni en daños a ti mismo.
-En las tragedias griegas se sufre muchísimo… ¿Se lleva algo a casa?
-Nada. Empecé con quince años haciendo “La tragedia de Numancia” y de forma inconsciente decidí que todo se quedaba cuando se bajaba el telón. Puedes irte con excitación, eso sí. Como cuando acaba un concierto.
-¿El aplauso engancha?
-El aplauso es el resultado inmediato de tu trabajo y es maravilloso. Todo el que se ha subido a un escenario alguna vez, aunque sea de pequeño para leer una poesía, lo sabe. Pero hay algo mayor aún: la atención y la sensación de que el público respira.
-¿Es Ana Belén en la actualidad una “dama del teatro”? ¿Son las tablas su refugio?
-El teatro no debe ser nunca un refugio, sino una forma de expresión, de seguir en la profesión creciendo y aprendiendo. De todos modos, no me puedo considerar “dama del teatro”. Cada vez que me plantean una obra nueva, pienso: “Vuelvo al útero”…
-A quienes tocan tantos palos artísticos, haciéndolo tan bien como es su caso, no siempre se les reconoce justamente… ¿Tiene alguna espinita en este sentido?
-(Risas) He metido la pata muchas veces pero eso se recuerda poco. La gente me ha aceptado esta forma en la que me muevo: una cantante con una carrera que, dentro de una burbuja, también tiene una actriz teatral. Me encantaría saber bailar muy bien, por ejemplo. Hay muchas cosas a las que me gustaría llegar.
-Usted pertenece a una generación de artistas que se implicaron mucho políticamente… ¿Qué tal ve el panorama hoy día?
-Hubo una catarsis en la que se decidió que ya bastaba, que se necesitaban otras maneras y eso estuvo bien. Que se vote es bueno, igual que son buenos los diálogos. El Gobierno español tiene que dialogar con el de Cataluña. Hay que acercar posiciones que incluso parezca que no se entiendan entre sí.

