No sé si Ana Milán y Fernando Guillén Cuervo se habrán o no separado. La revista “Semana” lo afirmaba pero ellos no han salido “al trapo”, si bien la actriz ha escrito en su twitter: “Cuando los perros ladran, los leones no se dan la vuelta”. A mí, que desde hace un tiempo me siento mucho más “león” que “perro” –de hecho, en mi foto del “whatsap” he ido variando fotografías de leones hasta hace poco-, la verdad es que me daría mucha penita que esta pareja se rompiera aunque, por otro lado, hoy día se acaba todo tan rápido…
Lo peor que puede pasarte en una relación, siempre según mi opinión, es que pierdas la admiración por alguien (por lo que decían ellos, Ana y Fernando se admiraban bastante) y ésa es una sensación que, igual que una pócima, se fragua poco a poco cuando la persona que tienes al lado te va decepcionando con esa mezcla maldita de alguna que otra mentira, una pizca de desapego hacia tus cosas, unas gotas de desagradecimiento y el siempre desagradable aroma de “esto es mi vida y aquí no te metas”. Y aunque en el fondo tienes la esperanza de que se den cuenta del daño que causan estas cosas, cuando te fallan mucho es complicado volver a recuperar la ilusión.
Por eso insisto tanto en la importancia de los detalles y por eso, si no los veo, me voy apartando de quien sea. Así, desde la distancia, contemplo la sabana. Con valentía pero también con ternura. Seguro de mí mismo como el “rey de la selva” que, a quien no esté a su altura, ni le mira.