Insisto mucho en la importancia de las cosas que no se ven porque a Dios le gusta jugar bastante y esconder lo grande delante de nuestros ojos para que lo descubramos. Es como cuando en esa película de Indiana Jones, Harrison Ford debe elegir entre diferentes copas de cáliz para encontrar la auténtica de Jesucristo y termina deduciendo que, aunque éste fuera “rey de reyes”, la suya sería la más humilde de todas frente a esas otras más lujosas y con mucho boato.
El caso es que esta semana, con la salida de la cárcel de Isabel Pantoja y todo ese lío, de pronto me vino a la cabeza la imagen de ese grupo reducido de fans que ha estado mañana, tarde y noche a las puertas de la prisión esperando que su ídolo saliera para darle ánimos e infundirle cariño durante todo este tiempo de pena. Y escuchándolos jalear a la cantante, pensaba: “¿Será esta mujer consciente del valor que tiene eso? ¿Sabrá que, cuando incluso supuestos amigos le han dado la espalda, hay unas cuantas personas, que tal vez apenas la conocen, que siguen apostando por ella y mostrándole su fidelidad incondicional o los contemplará desde la distancia, como la diva de la copla que es?
No tengo ni idea de las respuestas a estas preguntas pero si Isabel (o alguien cercano) lee esto, me encantaría que le transmitiera mis dudas y que, sobre todo, le dijera que, por encima de todo, debe sentirse una persona tremendamente afortunada porque tiene frente a sí algo que, si quiere aprender muchas lecciones de vida, debe saber apreciar.