La tonadillera, que confía en obtener la libertad condicional a partir del 4 de marzo, está intentando encontrar la liquidez suficiente para poder saldar las grandes deudas contraídas con la justicia y con Hacienda, que han terminado por alterar gravemente el patrimonio inmobiliario que había ido acumulando y que se ha venido abajo en apenas doce meses. Tras la venta de “Mi Gitana” en Marbella -y el chalet de la Moraleja en Madrid-, le ha tocado el turno a dos áticos en Fuengirola, aunque la artista aún mantiene pisos y locales en Sevilla, una casa en El Rocío y la finca heredada de Paquirri -y su actual refugio-, la mítica “Cantora”.