Yo sé que esto que hoy les voy a contar algunos lo van a interpretar como un tremendo ejercicio de vanidad pero, la verdad, me están empezando a dar tanto igual las erróneas conclusiones de la gente “sabelotodo” y malpensada que no me importa lo que digan. Al final, es imposible ver lo que no está en ti con lo que, aviso, escribo hoy lo que escribo solo con la intención de reflexionar, una vez más, sobre las vueltas que da la vida.
Muchos son los que conocen que fui un niño gordito y que, durante muchos años, estuve tan delgado que, por mi famélico aspecto, solía preocupar tanto mi entorno como a esos seguidores que, como periodista, he ido atesorando durante toda mi trayectoria. Hace dos veranos decidí que había llegado el momento de cambiar y con mi entrenador, Álvaro, y en gimnasio, Cartuja Sport, empecé un proceso de cambio de aspecto físico -que, a día de hoy, aún continúa- gracias al que, esta semana, me he convertido en un “chico genial”.
Así lo ha decidido una dirección de Instagram con más de 700 mil seguidores y que solo sigue a unos 1700 entre los que, no sé por qué, alguien ha decidido incluirme junto a grandes ídolos de masas como Justin Bieber o Abraham Mateo. Que esto te pase a los cuarenta –y con el currículum del que les refería detrás-, es poco menos que sorprendente a la vez que gratificante. Tal vez es lo que sucede cuando, como me recomendaba un amigo, en un mundo de sueños, decides convertirte en uno de ellos.