Dicen que los perros son animales para quienes necesitan recibir cariño y los gatos para aquellos que desean regalar amor y supongo que con las personas pasa lo mismo, es decir, que hay gente que es un derroche de sentimientos (tengo un amigo en Barcelona llamado Tony que es como un ciclón que te envuelve en ternura) y otra que ha nacido para ser adorada, idolatrada, querida.
Esto mismo es lo que me provoca Desiré Cordero, modelo sevillana que, desde que la vi por primera vez, me provocó una sacudida de la que aún me estoy reponiendo. Porque lo suyo no es solo belleza –que hay, y mucha- es, más allá, un aura de luz que la rodea y que, como buena Virgo, seduce a todo aquel que se acerca a conocerla. Amable, educada, simpática, optimista, a Desiré siempre la ves con una sonrisa en la boca (o siempre termina la conversación iluminando el espacio con su boca perfecta).
Ayer me la encontré, un año después, en el Certamen de Moda Cálida donde volvió a demostrar, con sus fantásticas dotes profesionales, por qué es una de las favoritas del público. Una romántica que lo está dando todo por su pareja, el futbolista Enzo Renella, por el que se ha trasladado a Valladolid estando dispuesta hasta a amoldar su propia trayectoria para no dejar de acompañarle.
Con las vacaciones ya entre manos, a esta querida niña mía solo me gustaría pedirle que nunca despegue los pies del suelo. He visto a algunas que, supuestamente teniéndolo todo, carecen de lo más importante: el aprecio de su entorno.