Ayer viernes, en el quinto aniversario de boda entre el príncipe Alberto de Mónaco y Charlène Wittstock, terminó el contrato que la nadadora tuvo que firmar semanas antes de la celebración del enlace. La obligación de permanecer por lo mínimo cinco años casados, y de darle al menos un heredero, eran las principales cláusulas que lo componían. A pesar de todo lo que se escrito estos años acerca del gran distanciamiento que existe entre ambos, Charlène ha cumplido con creces su compromiso y en 2014 dio a luz a dos mellizos, Gabriella y Jacques. Aunque la pequeña nació primero será el príncipe quien algún día se convertirá en el soberano del Principado de Mónaco.