El miedo es malo porque el miedo paraliza y eso nos impide emprender aventuras, asumir nuevos proyectos y tomar decisiones que nos apetecería tomar pero que, por el temor que sea, postergamos, postergamos y postergamos hasta que… perdemos la oportunidad (con la consiguiente frustración que eso genera). A todos nos sucede porque es humano y porque suele preferirse estar en la “zona de confort” a vivir en terrenos más inseguros pero yo que soy Virgo -signo de tierra y, por tanto, amante de la seguridad-, os aseguro que merece la pena acercarse al filo del precipicio y hasta, de vez en cuando, dejarse caer en él, renovándose las veces que sea necesario y luchando para desplegar unas alas que, cuando menos nos lo esperamos, nos ayudan a surcar cielos que ni imaginábamos que existían.
Hace unos días me encontraba en Madrid, en el concierto de “la” Pantoja, a una compañera de la compañía discográfica de su nuevo álbum a la que hacía menos de un año que no veía. Me acerqué a ella, la saludé y, para mi sorpresa… ¡no me conoció! Y no porque en estos meses me haya hecho nada en la cara. Mi nariz, mi pelo, mis ojos, mi piel. Todo sigue siendo igual, sin ser lo mismo.
Porque hay un cambio que hace que todo cambie y ése es la revolución interior, la liberación del alma. Así, durante estos meses he dejado de temer ser yo mismo, le guste a quien le guste (y respetando a quien no). Enamórate de ti y podrás enamorar a quien desees.